
Por Redacción El País
El debate sobre el maíz genéticamente modificado (OGM) y el uso del plaguicida glifosato mantiene en vilo las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos. La controversia se intensificó a raíz del decreto impulsado por el Gobierno mexicano para prohibir el uso de maíz transgénico en la elaboración de masa y tortillas para consumo humano, así como la meta de sustituir progresivamente el glifosato y restringir la siembra comercial de estas variedades.
El argumento central de la política mexicana radica en la defensa de la salud pública, la protección de la biodiversidad agrícola y el resguardo de las variedades de maíz nativo. Sin embargo, la medida generó fuertes tensiones comerciales con Estados Unidos y Canadá, sus principales socios en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), al argumentar que las restricciones carecían de un sustento científico suficiente y amenazaban un mercado de exportación valorado en miles de millones de dólares.
Puntos clave del conflicto:
Fallo del panel arbitral: El panel de solución de controversias del T-MEC determinó que las medidas restrictivas impuestas por México a la importación de maíz modificado no contaban con el respaldo científico exigido por el tratado internacional.
Impacto en el sector: A pesar del revés arbitral que obligó a ajustes regulatorios en las importaciones, las autoridades mexicanas han mantenido el impulso normativo para elevar a rango constitucional la protección del maíz nativo y la prohibición de su cultivo transgénico en suelo nacional.



