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FUNDACION ENRIQUE FIGUEROA LEMUS: MONTECRISTO Y LA REFORESTACION

El bosque nebuloso de Montecristo situado al Norte del departamento de Santa Ana, en el municipio de Metapán,  compartido por Honduras, Guatemala y El Salvador, es un ecosistema de biodiversidad vibrante, colorido y único.

Este bosque se formó hace millones de años, cuando la que hoy es una montaña era una isla que, a pesar de que en las últimas décadas ha sufrido de desforestación y destrucción, sigue conservando muchos y valiosos secretos que no nos hemos tomado el trabajo de descubrir.

El bosque nebuloso solo crece arriba de los 2,000 metros de altura sobre el nivel del mar y en Montecristo, su área geográfica total podría llegar a las 2,500 hectáreas si fuera conservado en su totalidad; de estas, 825 hectáreas pertenecen a El Salvador y solo 300 se encuentran protegidas dentro del Parque Nacional de Montecristo.  Sin embargo, su salud y sobrevivencia no solo depende de la integridad de este núcleo sino también de la conservación del bosque natural que debería existir en las 15,000 hectáreas que lo rodean.

La exuberante flora y fauna de este tipo de bosque, vive y florece en la copa de los árboles:  Insectos, ranas, pájaros, mariposas, libélulas propias de este hábitat, que nunca tocan el suelo; viven toda su vida en este singular mundo de abundante vegetación y del alimento proporcionado por los miles de plantas que crecen en las ramas, troncos y copas de los cientos de diferentes especies de árboles que aquí habitan.  Es un maravilloso mundo aéreo que solo existe en pequeñas áreas del planeta y que desdichadamente está desapareciendo con alarmante rapidez.

La biodiversidad que sustenta es solo uno de los factores que hacen de este bosque un lugar único.  No menos importante es su capacidad de colectar y guardar el agua que alimenta importantes ríos en Guatemala, Honduras y El Salvador impactando directamente la vida de millones de personas en los tres países que comparten el ecosistema y crucial para la sobrevivencia de los salvadoreños.

Durante los meses de verano, densas nubes se posan sobre las áreas más espesas del bosque en Montecristo envolviéndolo en un velo blanco, húmedo y frío y es de allí de donde viene su nombre “Bosque Nebuloso”. (Donde no hay bosque, las nubes desaparecen como por arte de magia).

Los Encinos, Robles, Almas Negras, helechos gigantes  y otros árboles que viven en este nebuloso mundo de increíble belleza, generalmente  cubiertos de musgo, orquídeas, bromelias y plantas que necesitan convivir con otras para tejer esa telaraña de la vida, tienen la particularidad de poder condensar el agua de las nubes en pequeñas gotas.

Las gotas que algunas veces parecen caer de los arboles como fuerte lluvia, son absorbidas y guardadas  por la enorme cantidad de hojarasca producida por los mismos árboles. Esta hojarasca acumulada durante muchos años puede llegar a tener varios metros de profundidad y que al actuar como esponja, absorbe y guarda el agua condensada, la que al ser liberada poco a poco, da vida a los pequeños nacimientos que montaña abajo se unirán y se convertirán en ríos.

Parte de los millones de metros cúbicos de agua limpia que se colectan de estas nubes cada año se deslizan suavemente hasta el lago de Guija y el rio Lempa.  El Lempa hace su recorrido de la montaña al mar dando vida a su paso a la agricultura y la ganadería, a la fuerza que se requiere para producir electricidad, saciando la sed de las ciudades a su paso y termina en los bellos manglares de la costa salvadoreña donde desovan los camarones y muchas otras especies marinas.

En la primera mitad del siglo pasado en la cuenca del río San José el bosque habría sido talado sin restricción alguna y la montaña desnuda no era capaz de disminuir la velocidad del agua que llovía en el invierno. La montaña sin el bosque que la protegiera, se erosionaba azolvando los  ríos de sedimento, principal causa de  las serias inundaciones en  la ciudad de Metapan.

Los habitantes de Metapan trataron  sin éxito de resolver el problema de las inundaciones dragando el rio San José y haciéndolo más hondo.  También trataron de contener su destructor caudal construyendo un muro conocido como “El Dique” pero éste tampoco resolvió el problema.  No fue sino hasta principios de 1970 que alguien vio hacia la montaña y se dio cuenta de que la enorme deforestación de Montecristo era el verdadero origen de las constantes inundaciones de Metapan.

Desdichadamente en ese tiempo nadie se dio cuenta ni valoró la importancia de la biodiversidad que es el verdadero tesoro de Montecristo, mucho menos pensaron en ayudar a que el bosque  se recuperase naturalmente.

Lo urgente -pensaron-  era resolver el problema inmediato de la deforestación, prevenir inundaciones y posibles desastres para la ciudad de Metapán. Unido a este pensamiento,  el lugar era perfecto para una operación maderera; 300 hectáreas a una elevación de entre 1,750 a 2,000 metros que es crítica para la salud del bosque nebuloso  fueron reforestadas con arbolitos de ciprés mexicano y 100 hectáreas más se reforestaron con árboles de pino (ocote) y otros.

Los arboles crecieron rápidamente deteniendo la erosión, beneficiaron el ambiente secuestrando carbono y resolvieron el problema inmediato de las inundaciones, pero se limitó la vegetación a una sola especie de árbol carente de flor y fruto que no forma hojarasca, que no produce humus y no retiene el agua; este árbol deposita en el suelo sus hojas en forma de hilos cuya resina mata todo organismo viviente y ha convertido toda esta área en un desierto verde. Es como si al  ecosistema se le hubiera mutilado una parte importante de su cuerpo ya que en esta área reforestada la biodiversidad no tiene cabida y como consecuencia, ahora representa una amenaza de enfermedades e incendios para el resto del ecosistema.

Tristemente es esta plantación de ciprés es lo que aparece en todas las fotografías que encontramos del bosque Montecristo,

Es tristemente esta plantación de ciprés lo que aparece en todas las fotografías que encontramos del bosque de Montecristo; y  a fuerza de tanto verlo pensamos que es nuestro bosque pero es este desierto verde, este bosque estéril que en nada representa la rica y bella biodiversidad de nuestro bosque lo que  ahora amenaza con destruir la verdadera joya que legítimamente nos pertenece.

Afortunadamente la naturaleza es prodigiosa y como se ha comprobado en un pequeño proyecto llevado a cabo recientemente en Montecristo, el proceso de reforestación que se llevó a cabo hace cuarenta años, se puede revertir rápida y naturalmente, suplantando el ciprés la vegetación nativa para que nuevamente ocupe su lugar.

La protección de nuestra biodiversidad no puede seguir esperando.  De las 17.500 hectáreas críticas para la sobrevivencia del ecosistema, solamente 1.600 están malamente protegidas.  la salud de este importante ecosistema está en peligro debido a la alarmante perdida de bosques naturales fuera del Parque Nacional -debemos cuanto antes- eliminar el monocultivo y devolverle al bosque nebuloso y su biodiversidad el espacio que legítimamente le pertenece.

Silvia Figueroa Sandoval

cielomaya@hotmail.com

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