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LA SOCIEDAD CIVIL, UNA ESPERANZA PARA NUESTRA DÉBIL DEMOCRACIA.

LA SOCIEDAD CIVIL, UNA ESPERANZA PARA NUESTRA DÉBIL DEMOCRACIA.

Por Mario Duarte.

      Leyendo a José María Rosales, profesor en Ética y Filosofía Política en la Universidad de Málaga, España, le doy plenamente la razón al afirmar que “Una democracia débil es fiel reflejo de una sociedad civil débil”. Nuestra sociedad civil es muy débil, debido a la falta de solidaridad de los ciudadanos separados por religiones, ideologías políticas y partidaria. Hace falta crear eso que en los países democráticos llaman “religión civil de los administrados”, es decir, la confianza en que las instituciones y el respeto a la Constitución son parte de su diario vivir, y, que por lo tanto el respeto y colaboración con el sistema es lo mismo que respetarse mutuamente y lograr la obtención de fines colectivos que al final proyectan los fines de cada individuo. En nuestro país no debemos, TENEMOS, que luchar por crear escuelas con el capital social de todos los que formamos la sociedad, en las cuales se imparta Civismo, Ética, Filosofía Política, Historia Política, Sociología Política y Antropología Cultural. Es necesario dotar de conocimientos básicos al menos en dichas disciplinas a la población en general y a los ciudadanos en particular. Implementando dichas medidas pedagógicas y humanísticas, tendremos una sociedad menos manipulable y víctima de burdos populismos y descaradas demagogias como la que actualmente engaña a muchos conciudadanos debido a las profundas carencias antes indicadas. Una sociedad civil débil, no sólo es el reflejo de una democracia débil, sino también un reflejo de la ignorancia, el resentimiento, la envidia, la inmoralidad y la desunión.

      Por lo antes expresado y fundamentado, es IMPERIOSO trabajar en el fortalecimiento de la sociedad civil ORGANIZADA, porque en ella se fincan las modernas democracias y el desarrollo integral de los estados productivos. Una sociedad civil organizada es un excelente control social, político y jurídico que fiscaliza al Estado para que cumpla con sus funciones y obligaciones y no le agradece, cual perro genuflexo, porque realiza mediocremente lo que le corresponde por mandato constitucional y legal. A la vez es un foco de educación cívica, política, ética y filosófica porque se integra por ciudadanos virtuosos de diferentes clases, profesiones y oficios. Es un ente nacido de la solidaridad, cooperación y humanidad de los que integran ese elemento y concepto tan subutilizado llamado Pueblo. Amén de todas esas virtudes, también es una estructura sumamente valiosa para mejorar la economía nacional desde la iniciativa ciudadana y un faro de desarrollo integral que forma una valiosa y vital égida en contra de la delincuencia en todas sus formas y crea una conciencia de pertenencia indisoluble entre los ciudadanos con su patria.

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