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La estrategia de Irán en América Latina: entrevista con el experto en seguridad Román D. Ortiz

Contacto: info@realite-eu.org


 

El presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, llegó a Venezuela el lunes para iniciar una gira de cinco días en América Latina  donde también viajará a Nicaragua, Cuba y Ecuador. Los lazos entre Teherán y varios países latinoamericanos se han ido fortaleciendo en los últimos años, lo que plantea nuevos desafíos y amenazas tanto para América Latina como para los Estados Unidos. Con sede en Bogotá,  Román D. Ortiz, un experto en seguridad habló con Realite-UE sobre esta visita y las implicaciones de la creciente presencia de Irán en la región.

¿Cuáles son las razones principales de la visita de Ahmadinejad a la región?

Existen dos razones principales detrás del viaje del presidente Ahmadinejad a América Latina. En primer lugar, Irán está en una posición internacional muy difícil. El último informe del OIEA ha demostrado, más allá de cualquier duda razonable, que el programa nuclear iraní tiene fines militares y no está destinado a desarrollar  energía nuclear con fines pacíficos. Bajo estas circunstancias, el aislamiento de la República Islámica está creciendo de manera acelerada. De hecho, hay un  consenso creciente en la comunidad internacional para exigir que se haga algo para detener el avance iraní para producir armas nucleares. A pesar de que China y Rusia probablemente seguirán negándose a tomar medidas eficaces contra Irán, está claro que la tendencia internacional está volcando contra los ayatolás. Esto significa no sólo que hay un apoyo creciente en la comunidad internacional para imponer nuevas sanciones económicas, sino que la opción militar también está comenzando a recibir una menor resistencia debido a que Irán se reúsa abiertamente a abandone su programa nuclear ilegal. Como consecuencia de ello, el presidente iraní tiene que tratar de reunir el apoyo internacional de sus aliados con el fin de romper el aislamiento de su régimen y debilitar el consenso internacional contra la República Islámica.

En segundo plano, la visita de Ahmadinejad tiene que ver con la posibilidad catastrófica para los intereses iraníes en América Latina si el presidente Chávez tiene que dejar el cargo debido a sus problemas de salud. El hecho de que el mandatario venezolano sufre de cáncer tiene grandes implicaciones para la estrategia Latinoamericana de la República Islámica. Venezuela ha sido fundamental para la penetración de Irán en el continente. Caracas ha presentado a Teherán a todos sus aliados en la región, desde Bolivia hasta Nicaragua. En este sentido, una parte importante del terreno ganado por Irán en América Latina depende de Venezuela. La continuación de la ayuda venezolana está lejos de ser garantizada si Chávez deja el cargo, por lo tanto, Ahmadinejad tiene que establecer una relación más directa con el resto de los líderes latinoamericanos que respaldan a Irán en teoría. Esta es la razón por la cual el presidente iraní está realizando esta visita tan extensa en la región.

¿Por qué eligió a estos países específicamente?

La credibilidad de la República Islámica desapareció tras el último informe del OIEA que reveló que el programa nuclear iraní tiene objetivos militares y que Teherán estuvo mintiendo sistemáticamente a la comunidad internacional por varios años. Como resultado de ello, Ahmadinejad solo puede contar con el apoyo de los regímenes que comparten ciertas posiciones ideológicas con Irán, que incluyen un profundo sentimiento anti-estadounidense y simpatía por el islamismo radical. Este es el caso del llamado eje bolivariano: Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Sin embargo, tan importante son los países que el presidente iraní está visitando como son los países que no visitará. Por ejemplo, es muy interesante que Ahmadinejad no haya incluido a Brasil en su viaje a América Latina, una señal clara del deterioro de las relaciones entre Teherán y Brasilia.

¿Por qué estos países están dispuestos a colaborar con un régimen iraní cada vez más aislado?

La apertura de ciertos gobiernos de América Latina para colaborar con Irán tiene más que ver con la ideología que con las ventajas materiales proporcionados por la cooperación con Teherán. Aparte de algunas iniciativas concretas en las áreas de minería y petróleo, la mayoría de los proyectos de cooperación civil promovida por Irán en América Latina no han ido más allá de la fase de conversaciones preliminares con los gobiernos que han acogido al régimen o han producido resultados muy pobres. En los asuntos militares, los iraníes tienen más experiencia que sus socios de América Latina y pueden ofrecer oportunidades para la cooperación. Sin embargo, dado que la ONU ha prohibido cualquier tipo de cooperación de seguridad con el régimen islámico, esta opción implica costos legales y políticos que van por encima de cualquier ventaja potencial, cualquiera que esta sea. Como consecuencia, la única razón que explica el interés de algunos gobiernos de América Latina para trabajar con Irán es que comparten ciertos rasgos comunes ideológicos con el régimen islámico, como el anti-americanismo y la hostilidad hacia Israel.

Sin embargo, otro factor importante para entender la rápida penetración iraní en la región es el apoyo sin restricciones proporcionado por Venezuela para cumplir con las ambiciones de Teherán. Venezuela ha proporcionado ayuda financiera a otros regímenes Bolivarianos como la Nicaragua de Ortega y la Bolivia de Morales. Es fácil entender que parte del precio exigido por Caracas para ofrecer esta línea económica vital a estos países ha sido el de abrir sus puertas a los aliados iraníes de Chávez. En este sentido, una combinación de coincidencias ideológicas y el apoyo de Venezuela han hecho que sea mucho más fácil aumentar la influencia de la República Islámica en los países de América Latina bajo los gobiernos afines a la política Bolivariana.

¿Cuáles son los objetivos de Irán en América Latina? ¿Qué es lo que están tratando de obtener?

Más allá de obtener un apoyo político, Irán tiene tres objetivos fundamentales en América Latina.

En primer lugar, Teherán está utilizando a sus aliados para evadir las sanciones internacionales impuestas por la ONU, los EE.UU. y la UE. Esta es la lógica detrás del interés iraní para el establecimiento de acuerdos de cooperación militar con algunos países latinoamericanos como Venezuela o Ecuador. En términos generales, estos países tienen un sector de defensa muy poco desarrollado. Sin embargo, la República Islámica quiere que participen en programas militares conjuntos con el fin de romper la prohibición de ventas militares impuesta a Teherán por la ONU en 2007. La idea es que la industria iraní produce el equipo y sus aliados de América Latina prestan su bandera para exportarlos como productos hechos por un tercer país. De esta manera, las armas iraníes pueden ser exportadas a pesar de las sanciones internacionales. Este tipo de esquema se utilizó para tratar de exportar 18.000 rifles iraníes de asalto a Uruguay en 2007 que fueron disfrazados como armas fabricadas en Venezuela.

En segundo lugar, los ayatolás están buscando oportunidades para la deslocalización de activos estratégicos fuera del territorio iraní. Esta es la razón que explica el interés de Teherán por participar en proyectos conjuntos para construir instalaciones de refinación con sus aliados de América Latina. Irán tiene una grave carencia en su capacidad de refinación que lo ha puesto en un estado permanente de escasez de combustible. Bajo estas circunstancias, la prohibición mundial para vender petróleo refinado a Teherán es una de las principales vulnerabilidades que la República Islámica enfrenta. Por lo tanto, Irán está tratando activamente de construir refinerías fuera de su territorio nacional. Estas nuevas instalaciones podrían ser utilizadas para el contrabando de combustible si las sanciones internacionales son impuestas. Esta es la razón detrás de los proyectos estratégicos que han sido discutidos con Venezuela y Ecuador.

Por último, Teherán está construyendo redes de inteligencia clandestina y células terroristas en América Latina con el fin de desarrollar la capacidad necesaria para lanzar ataques contra los intereses de los EE.UU. e Israel en la región. Esta labor es de suma importancia para Teherán, el régimen islámico cree que este plan cuenta con la capacidad persuasiva suficiente para que Washington piense dos veces acerca de la posibilidad de lanzar una operación militar para detener el programa nuclear ilegal de Irán. De hecho, los iraníes han demostrado su voluntad y capacidad para lanzar ataques terroristas masivos con el bombardeo de la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992 y en el Centro Cultural Judío AMIA en la misma ciudad en 1994. En ese momento, la República Islámica tenía una presencia diplomática mucho menor en la región, sus activos de inteligencia eran mucho menores, contaban con poca influencia en las comunidades islámicas de América Latina, y no tenían las conexiones con los gobiernos radicales y grupos políticos en América Latina. Teniendo en cuenta el hecho de que la influencia iraní en los últimos años ha aumentado significativamente, es necesario admitir que la capacidad actual para que la República Islámica ejecute ataques terroristas es mucho mayor que hace dos décadas.

¿Cómo  opera Irán en la región?

Irán promueve su presencia e influencia en América Latina a través de una estrategia de tres pasos. En primer lugar, hay un contacto de gobierno a gobierno. Esto nos sólo incluye la cooperación  económica o cultural oficial, sino también temas más sensibles como los proyectos militares y de inteligencia conjunta. En segundo lugar, Teherán construye puentes con las comunidades islámicas en la región, apoyando y promoviendo  su radicalización. Por último, existe un nivel clandestino por completo donde agentes de inteligencia iraníes trabajan junto con los activos de Hezbolá en América Latina. En este nivel, el desarrollo de las conexiones con organizaciones terroristas y criminales en América Latina no es infrecuente. De hecho, en los últimos años, una serie de conexiones han sido expuestas entre organización que trafican drogas en América Latina y las redes de Hezbolá.

La penetración iraní en América Latina es un proyecto que cuenta con el apoyo del presidente Ahmadinejad. En este sentido, toda la burocracia gubernamental iraní ha apoyado este esfuerzo. Obviamente, los principales personajes de esta aventura estratégica han sido aquellos relacionados con el Ministerio iraní de Asuntos Exteriores, incluido el propio ministro, Ali Akbar Salehi, y el viceministro para las Américas, Behrooz Kamalvandi. Más allá del nivel gubernamental más alto de la República Islámica, un grupo de personas han jugado un papel para conectar a Teherán con las redes islámicas radicales en la región. Entre ellos, se puede mencionar el ciudadano iraní Mohsen Rabbani, acusado por la justicia argentina de haber participado en el atentado terrorista contra la AMIA en 1994 y el ciudadano libanés-venezolano, Ghazi Nassereddine, señalado por ser el que realizó la conexión entre Hezbolá y Venezuela.

En octubre de 2011, los Estados Unidos acusaron a Irán de conspirar para asesinar al embajador saudí en Washington con la ayuda de miembros de un cártel de drogas mexicano. ¿Cuán profunda es la participación de Irán en actividades terroristas y relacionadas con las drogas en la región?

Existe evidencia clara de las conexiones entre el aparato de inteligencia iraní y las redes terroristas y criminales en América Latina. Por supuesto, el caso más conocido de la participación iraní en un atentado terrorista en el hemisferio occidental es el bombardeo de la AMIA en Buenos Aires en 1994. En este caso, la Interpol confirmó la participación de funcionarios iraníes en el ataque e hizo circular una notificación roja para exigir la detención de varios de ellos, incluido el actual ministro de Defensa iraní, Ahmad Vahidi. Sin embargo, existe una relación mucho más reciente. Este es el caso de una célula de musulmanes chiitas de Guyana y Trinidad y Tobago, que estaba planeando un ataque terrorista contra el aeropuerto John F. Kennedy en Nueva York en 2007. Después de su detención, los participantes en la trama admitieron que estaban en contacto con el ex diplomático iraní Mohsen Rabbani, acusado anteriormente de participar en el atentado contra la AMIA. Por último, está el incidente más reciente en relación con el intento de un agente iraní conectado con las Fuerzas Al-Quds de las Guardias Revolucionarias Islámicas para contratar a sicarios mexicanos y asesinar al embajador saudita en Washington. El FBI reunió pruebas suficientes para demostrar más allá de cualquier duda razonable la participación de funcionarios iraníes de alto rango en el plan.

En cuanto a la participación en el tráfico de drogas, se han detectado redes en Colombia conectadas con el grupo terrorista Hezbolá, respaldado por Irán. De hecho, en  2008, la  la “Operación Titán”, reveló una red de tráfico de drogas y  lavado de dinero que une a una banda colombiana criminal llamada “Oficina de Envigado” con Hezbolá .Antes de que se conociera este caso, individuos asociados con Hezbolá habían sido relacionados con el contrabando de drogas al Medio Oriente en la zona de la triple frontera entre Paraguay, Argentina y Brasil.

 

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