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LA CONDENA: El Salvador vive bajo un castigo autoimpuesto

Miguel Gutiérrez

 En el año 97 cuando un grupo de guatemaltecos y salvadoreños regresábamos
de nuestras maestrías en Chile, El Salvador era el país más prometedor del
CA-4, agresivos y valientes emprendieron reformas de pensiones, redujeron
dramáticamente el analfabetismo y mejoraron notablemente los indicadores de
salud. En ese entonces solo podía generar ese querido país un sentimiento:
admiración.

Solo un error muy grande podía echar a la borda todo ese esfuerzo, y por la
Ley de Murphy se concretó: la dolarización. Este valiente país que tenía
todo por delante, pero se fue contra el consenso del Mainstream económico,
los consejos de los economistas chilenos,  de la FED y del Departamento del
Tesoro: una economía pequeña y abierta como El Salvador no debe de dolarizar
porque necesita protección monetaria para soportar los choques externos.
Hausmann, doctor de Harvard, dice que los países tardan mucho en darse
cuenta cuando tienen la mano en la hornilla caliente, y usa el ejemplo de
China de los sesenta y setenta. En china se tuvieron que morir de hambruna
14 millones de almas, para darse cuenta que las políticas comunistas
aplicadas al agro producen hambre.

El Salvador lleva más de diez años con la mano en la hornilla y solo algunos
se dan cuenta que el olor en el ambiente  es de carne asada. Desde el
proceso de dolarización la inversión y el crecimiento económico de El
Salvador es el menor del hemisferio, el país de la peor recesión de la
región centroamericana;  pero, ¿por qué? ¿Por qué los inversionistas
prefieren invertir en Nicaragua, Honduras y Guatemala, países con
instituciones más débiles y mano de obra menos calificada? ¿Cómo si El
Salvador tiene menores tasas de interés? Por una razón: los salvadoreños son
muy caros, no se dejan comprar.  Si supieran los salvadoreños que EE.UU.
tiene un daño estructural en su economía y que probablemente tarde lo que
Japón en recuperarse, es decir, más de diez años, ¿aguantarán los
salvadoreños diez años mas creciendo al 1 por ciento? ¿Aguantarán las
empresas?

Por ello hoy El Salvador es un país condenado hasta que se dé cuenta de
forma humilde del error cometido y saque la mano de la hornilla.
Quienes hablan de inestabilidad macroeconómica por tener moneda propia le
dan un voto de falta de confianza a El Salvador que no se merece. Guatemala,
Honduras y Nicaragua, pueden manejar responsablemente su moneda, ¿por qué no
El Salvador? ¿No cuenta con la mejor escuela de economía de Centroamérica
acaso?
Mientras El Salvador siga inexorablemente siendo uno de los países más caros
del hemisferio, seguirá destruyendo su más admirable valor: el
emprendedurismo salvadoreño; ni siquiera el emprendedurismo de ese pequeño y
bello país puede soportar los precios actuales con los que tienen que
competir. Mientras no se percaten y reviertan ese error fatal nosotros los
chapines, los ticos y los mexicanos tendremos a merced el aparato productivo
de El Salvador y nos tardaremos unos ocho años en comernos toda su industria
y serán los cuentos de antaño los que hablen de una leyenda llamada
emprendedurismo salvadoreño. ¿Por qué no hablar del tema inteligentemente?
¿Por qué no hablar de esperanza en El Salvador?

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