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Felicidades mi viejo

Otro año más que Dios me da la bendición de estar contigo, un año más en el que hemos compartido una infinidad de vivencias que solamente un padre y un hijo pueden compartir. Tenemos una amistad que Dios se ha encargado de elaborar a la perfección, un vínculo de entendimiento que va más allá de cualquier otra amistad, de cualquier relación con otra persona y es así porque sencillamente eres mi padre. Llevo tus genes, tu sangre, me has heredado parte de tu pasado, con sus tristezas y alegrías, con mi hermano somos los que le damos continuidad a una nueva generación de la familia.

En esta fecha que celebramos a los padres es una excelente ocasión para agradecerte todo el apoyo que me has brindado desde mi infancia, los incontables consejos que me has dado con el afán de verme convertido en un hombre de bien. Agradecerte por esa disciplina con rigor que me aplicaste en mi niñez y adolescencia, por hablarme de los diversos caminos que tiene la vida y de siempre buscar el que este apegado a la verdad y el bien.

Es una bendición haber tenido un padre como tú, que a pesar de tu fuerte carácter, de tus regaños al hablar te quiero con todo mi corazón, a pesar de que en muchas cosas no coincidamos, tú has sido un gran ejemplo para mí. Tu admirable lucha ante la vida, quizás en momentos en que no contabas con nadie para apoyarte, para tenderte una mano, lograste salir avante, venciste con admirable temple obstáculos impensables que hubieran hundido a cualquier persona.

Dios nunca te ha abandonado, siempre ha sido un guía invisible en tu camino, sin que te darte cuenta preparó el sendero en el que lograste formar la familia de la que careciste en tu infancia, sin embargo, eso no fue un freno para los planes de Dios y dotó tu espíritu de un ahínco sobrenatural para lograr culminar el mayor tesoro en la tierra para una persona: la familia.

Parece que fue ayer cuando empecé a sentir tu cariño, es como si fuera ayer cuando me cargabas en tus brazo y empezabas a mostrarme el mundo guiándome con tu experiencia de vida, tratando de moldear mi ingenua personalidad; guardo en mi memoria aquellas tardes de futbol que obligado debía asistir a las entrañables canchas en mi bella Santa Ana y que con mucha constancia llegué a querer, recuerdo de mi niñez las incontables travesías en aquella motocicleta, que nos llevaba a cualquier rincón del país, esos viajes en que la carretera era un paraíso para mí, el tiempo se detenía, todo era diversión  porque paseaba contigo; mi amado padre.

Recuerdo con añoranza tus prohibiciones aquellas reglas fueron el cincel que formaron mi visión de vida. El tiempo ha pasado rápidamente, medito un poco y me remonto a mi infancia y me siento feliz de tenerte conmigo de que seas mi padre,  mi amigo…Un amigo que desea lo mejor para mi vida, un padre que siempre ha estado ahí. Dispuesto a apoyarme y aconsejarme en las vicisitudes del diario vivir.

Padre, en este día tan especial quiero que sepas, que nunca lo olvides, recuérdalo por siempre; que le agradezco infinitamente a Dios, el haberme privilegiado al regalarme un Padre como tú.

 

Luis Enrique Contreras Reyes

lcontreras.simplesite.com

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