Washington, 30 de julio de 2025 — El presidente de Estados Unidos firmó este martes una orden ejecutiva que impone un arancel del 40% a una amplia gama de productos importados desde Brasil. La medida, calificada por la Casa Blanca como una acción «para proteger la seguridad económica nacional», representa un giro significativo en las relaciones comerciales entre ambos países.
Según el documento oficial, la decisión obedece a múltiples factores, entre ellos los crecientes desequilibrios comerciales y las preocupaciones por prácticas consideradas desleales en sectores estratégicos. No obstante, fuentes cercanas a la administración han señalado que uno de los elementos clave que motivó esta medida fue el papel protagónico que Brasil ha asumido dentro del bloque económico BRICS —integrado también por Rusia, India, China y Sudáfrica—, especialmente en su impulso por crear alternativas al sistema financiero dominado por Occidente, entre otros factores
Durante el último año, Brasil ha promovido con firmeza el fortalecimiento del BRICS, incluyendo la adopción de una moneda común para el comercio entre sus miembros y una expansión del bloque con nuevos países aliados. Esta postura, vista por Washington como una amenaza directa al dólar como divisa de referencia global, habría contribuido a escalar las tensiones comerciales.
Los productos afectados incluyen materias primas, manufacturas agrícolas, acero, etanol y equipos industriales, lo que podría tener un impacto considerable en la economía brasileña. La respuesta de Brasil no se hizo esperar: el Ministerio de Relaciones Exteriores calificó la medida como «unilateral, proteccionista e incompatible con las normas de la OMC» y advirtió que evaluará acciones de reciprocidad en defensa de sus intereses.
Analistas internacionales consideran que esta acción podría profundizar las divisiones entre los bloques liderados por Estados Unidos y China, y acelerar el proceso de desdolarización que algunos países emergentes ya han comenzado a implementar a través del BRICS.
Mientras tanto, sectores industriales y agrícolas de ambos países temen que la medida derive en una guerra comercial de mayores proporciones, con efectos negativos en cadenas de suministro, empleo y precios internacionales.


