El BCE ‘salvó’ a España e Italia con una compra récord de deuda

La autoridad monetaria ayudó con 22.000 millones a los dos países, cantidad superior a la destinada a los bonos griegos en la primera semana del rescate

JESUS EIJO CÁNOVAS – Madrid – 16/08/2011

El Banco Central Europeo (BCE) destinó la pasada semana 22.000 millones de euros a salvar a España e Italia de la quema de los mercados. Utilizó para ello el programa de compra de deuda pública, lo que permitió a ambos países rebajar sus primas de riesgo desde las cotas históricas alcanzadas en la primera semana de agosto. La cantidad es un récord semanal desde que el BCE puso en marcha este programa, en mayo de 2010, en plena operación de rescate a Grecia. En aquella ocasión, el esfuerzo fue de 16.500 millones en una semana. La cifra conocida ayer supone casi una cuarta parte de toda la artillería del BCE (96.000 millones en casi año y medio).

Los 22.000 millones pueden ser una gota de agua en comparación con el volumen de deuda pública de ambos países. En el caso de España, 638.800 millones de euros, y en el de Italia 1,84 billones, con datos de 2010. Pero su efecto en los mercados fue instantáneo. Los bonos españoles a 10 años han pasado en siete días de una rentabilidad del 6,28% al 4,99%, mientras que la prima de riesgo ha caído más de 130 puntos básicos, desde más de 400 a 266 ayer.

La progresión en el caso de Italia ha sido similar y hoy los dos países pagan prácticamente el mismo interés (ligeramente superior en el caso de la deuda italiana). Ambos se han movido de la mano desde hace ya más de un mes, cuando se convirtieron en el principal foco de las dudas de los inversores tras los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal. El peligro que entrañaban esas dudas sobre la tercera y la cuarta economía de la zona euro era demasiado intenso para la estabilidad de toda la región; tanto que, como dijo ayer el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, la acción estabilizadora del BCE “se ha convertido en algo necesario”.

La actuación del BCE, anunciada hace dos domingos, ha tenido efectos no solo en los mercados. Italia aprobó el pasado viernes un nuevo plan de ajuste tras una carta del BCE que le conminaba a “hacer los deberes” como contrapartida a recibir su ayuda. En términos menos duros, otra carta a España llevó a la comparecencia el domingo anterior de la vicepresidenta y ministra Elena Salgado, anunciando otro ajuste, aunque de mucha menor envergadura que el italiano. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y la canciller de Alemania, Angela Merkel, apoyaron en un comunicado conjunto la decisión del BCE. Merkel ha tenido después que soportar un chaparrón de críticas desde sus propias filas, lo mismo que el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, por considerar que la compra de deuda por parte de la autoridad monetaria del euro es un aliciente para que los países beneficiados no sean más estrictos con su política fiscal.

El BCE ha estado comprando deuda de los países acechados por los mercados desde que en mayo de 2010 se le autorizó por parte de los países del euro. La primera semana se produjo la que hasta ahora era la mayor adquisición: 16.500 millones de euros en deuda helena. Desde entonces, el BCE ha invertido 96.000 millones a través de este programa en títulos soberanos de los rescatados Grecia, Irlanda y Portugal, más los amenazados España e Italia.

Pero las diferencias entre unos y otros son enormes. No hay más que atender a la magnitud de la deuda viva conjunta de los tres primeros (637.000 millones de euros) y la de los dos últimos (más de 2,4 billones). Y aunque España e Italia viajen en el mismo vagón, tampoco se trata del mismo pasajero: la deuda pública italiana representa el 119% de su producto interior bruto (PIB), frente al 60% que representa la española.

El programa de compra de bonos del BCE, que ha estado paralizado durante cuatro meses y se reactivó hace 10 días con adquisiciones de bonos irlandeses y portugueses, nació como una medida extraordinaria y temporal, mientras los Gobiernos diseñaban otro mecanismo de respuesta conjunta a la crisis. Ese mecanismo ya existe; lo acordaron los líderes europeos el mes pasado y consiste, básicamente, en reforzar el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera para que pueda asistir a los países con problemas mediante créditos, garantías, o directamente comprando deuda. Pero aún tiene que ser aprobado por los diversos Parlamentos nacionales y solo podría empezar a funcionar, como muy pronto, en septiembre.

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