Después de graduarse como profesora, estudió Derecho mientras trabajaba, y más tarde obtuvo un doctorado en Barcelona. Pero su giro más trascendental no fue académico, sino espiritual: al volver a El Salvador, descubrió una pasión aún más fuerte por la filosofía, la teología y, especialmente, por la Biblia.
Por Norma Aguirre Sandoval
Licenciada, notaria, doctora en Derecho Civil, profesora… Rosa María Cuéllar tiene todos esos títulos, pero prefiere que la llamen simplemente Rosa María. Su verdadera vocación nació en las aulas rurales de Santa Ana, donde enseñó por más de una década. Desde entonces, su vida ha sido un viaje entre libros, valores humanos y una fe profunda.
Originaria de Santa Ana, El Salvador, Rosa María encontró su vocación desde el bachillerato, cuando sintió un fuerte deseo de convertirse en maestra. Se formó como profesora de educación básica en el Instituto Tecnológico de Santa Ana y comenzó su carrera en una escuela rural llamada Don José Bernal, antes de ser trasladada a la escuela de Santa Leonor, donde trabajó desde 1985 hasta 1998, enseñando de primero a sexto grado.
Mientras enseñaba, decidió estudiar Derecho, combinando su trabajo como docente con sus estudios universitarios, que le permitió graduarse como licenciada en Ciencias Jurídicas. Más adelante se autorizó como abogada y notaria. Aunque nunca ejerció como abogada en sentido tradicional, trabajó en el área legal al servicio de una compañía española, encargada de la modernización del registro de la propiedad en Ahuachapán, como parte de un proyecto respaldado por el Banco Mundial. Rosa María coordinaba el área legal de ese ambicioso proyecto entre 1998 y el año 2000.
Su sed de conocimiento la llevó luego a Barcelona, España, donde cursó su doctorado en Derecho Civil entre el año 2000 y 2005. A su regreso, retomó la docencia en la Universidad Católica de El Salvador (UNICAES), donde ya había colaborado desde 1991 con cursos sobre valores morales y cívicos para maestros a nivel nacional.
Sin embargo, su vida académica tomó un giro inesperado al descubrir su amor por la filosofía, la antropología y la teología. Estos cursos le apasionaron aún más que el Derecho, debido a su identidad religiosa y su formación humana, se convirtió en una docente incansable, pero también en una mujer en constante búsqueda espiritual.
En 2011, Rosa María se trasladó a California, Estados Unidos, con la idea de homologar su título, pero finalmente se integró al mundo laboral a través de una empresa de restauración de libros antiguos. Allí trabajó por casi 12 años, rodeada de manuscritos religiosos, encuadernaciones labradas utilizando materiales y metales casi medievales y joyas bibliográficas que terminaron de encender su pasión por la Sagrada Escritura.
Fue precisamente en su parroquia, San Francisco Javier en Pico Rivera, donde comenzó su camino como servidora activa de la Iglesia: cantó en el coro, se formó como catequista, proclamadora de la Palabra y Ministra de la Sagrada Comunión. “Siempre había soñado con ser ministra, pero una piensa que no es digna… hasta que uno se rinde al llamado”, reflexiona.
Gracias a su experiencia como maestra, Rosa María comenzó a ofrecer formación humana y teológica a sus compañeros ministros. Así surgió una charla mensual sobre doctrina social de la Iglesia, teología moral y otras áreas que ayudaban a fortalecer el sentido del servicio. Pero fue una frase, dicha por una amiga feligrés con tono de lamento —“yo no sé leer la Biblia”— la que encendió la chispa de lo que hoy es su proyecto más importante: Llamados por la Palabra.
Este ministerio nació como un curso presencial en su parroquia, con introducción al estudio bíblico: estructura, géneros literarios, autores, historia y cómo interpretarla. Pronto el curso se amplió, y cuando volvió a El Salvador tras el cierre de la empresa en que trabajaba, sus antiguos alumnos le pidieron que grabara las clases para seguir aprendiendo.
Así nació su canal de YouTube “Llamados por la Palabra”, que hoy cuenta con más de 200 suscriptores y un ritmo sostenido de visualizaciones y crecimiento. En él, Rosa María sube semanalmente una clase completa sobre uno de los libros de la Biblia. Su objetivo es cubrir los 73 libros —ya casi finaliza el Nuevo Testamento y se prepara para iniciar el Antiguo.
No busca fama ni números virales. Ella lo tiene claro: “Una clase de Biblia no va a ser tendencia nunca, y además yo no soy famosa. Pero esto es un legado. Es mi herencia para la humanidad”.
Desde su jubilación, Rosa María ha decidido no trabajar en nada más. “No quiero comprometer este proyecto. Preparar un libro de la Biblia cada semana es una maratón y no es compatible con otro empleo. Este es mi llamado”.
Y no es un llamado vacío. Su pasión por la Palabra viene desde la infancia. Recibió catequesis con apenas siete años, ya con un enfoque moderno, centrado en la Biblia, y no en memorizar respuestas. En su adolescencia, leía vidas de santos como otros leen novelas. “Siempre tuve modelos de mejora constante”, recuerda.
Aunque el mundo atraviesa cambios y crisis, Rosa María mantiene la esperanza en la fe. “Pensamos que nadie quiere saber nada de Dios, pero la fe está viva. Yo lo vi en Lourdes, mares de gente rezando el Rosario en distintos idiomas. Y si bien algunos perdieron la fe durante el COVID, otros la recuperaron. Yo confío en que Dios llama a cada quien en su momento”.
Ya jubilada, Rosa María ha decidido dedicar todo su tiempo y corazón a este ministerio. “No hay que morirse por gusto —dice— hay que dejar herencia”.
Y ella ha elegido dejar una herencia de fe, palabra y sabiduría, al alcance de todos.
Y la suya, sin duda, ya ha empezado a germinar.
¿Dónde encontrar sus clases?
YouTube: Llamados por la Palabra
También puede buscarla como @RomaCuéllar en redes sociales.




