WASHINGTON D.C. / SAN SALVADOR –
El discurso del Estado de la Unión de anoche ha dejado una pregunta en el aire para el sector productivo salvadoreño: ¿Sigue vigente nuestro estatus preferencial? Tras el anuncio del presidente Donald Trump de un nuevo arancel global del 15%, El Salvador se encuentra en una posición única pero vulnerable, navegando entre los pactos firmados hace apenas semanas y la nueva «artillería» comercial de la Casa Blanca.
El «Escudo» de enero: El Acuerdo Recíproco
Es fundamental recordar que el pasado 29 de enero de 2026, el Gobierno de El Salvador y la administración Trump sellaron un pacto histórico. En ese acuerdo, EE. UU. aceptó eliminar el arancel del 10% para las exportaciones salvadoreñas (principalmente textiles, plásticos y productos agrícolas) a cambio de que El Salvador eliminara barreras para productos estadounidenses y reforzara la protección de la propiedad intelectual.
Este acuerdo fue celebrado como una «raza preferencial» que ponía a El Salvador un paso adelante de sus vecinos. Sin embargo, el discurso de esta noche ha introducido una nueva variable: la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974.
El nuevo escenario: 15% global
Trump anunció que, para compensar los déficits de la balanza de pagos y tras el bloqueo de la Corte Suprema, aplicará un 15% de arancel a nivel mundial.
La incertidumbre: Aunque sectores como COEXPORT en El Salvador confían en que los productos bajo el CAFTA-DR y el nuevo acuerdo recíproco queden exentos, la retórica de Trump de «arancel global sin excepciones» ha encendido las alarmas.
Textiles a salvo: Por ahora, se mantiene que las prendas de vestir y textiles —el motor de la exportación salvadoreña— seguirán entrando libres de aranceles, siempre y cuando se respeten las reglas de origen. Pero el «mazo» del 15% podría aplicarse a otros productos que no estaban blindados específicamente.
Migración y el Voto: La otra cara de la moneda
Donde no hubo preferencias fue en el tema social. Trump fue tajante al exigir la Ley SAVE America, que requerirá pruebas físicas de ciudadanía para votar.
Esto afecta directamente a la diáspora salvadoreña con doble nacionalidad, quienes podrían enfrentar trabas burocráticas para ejercer su voto en EE. UU., a pesar de la buena relación entre Bukele y Trump.
El mandatario también elogió indirectamente la cooperación en seguridad, mencionando el «profesionalismo» de países que, como El Salvador, están colaborando en la recepción de criminales deportados.
Conclusión: ¿Amigos o socios?
La omisión de El Salvador por nombre en el discurso de esta noche sugiere que, para Trump, la relación es estable pero estrictamente transaccional. El Salvador tiene su «raza preferencial» firmada en papel, pero el cumplimiento de ese beneficio ahora depende de que el país se mantenga alineado con las exigencias migratorias de Washington y, crucialmente, que no permita que las inversiones chinas crucen la «línea roja» que Trump trazó hoy sobre el Canal de Panamá y la infraestructura regional.


