El motor invisible de la IA: Centros de datos aceleran el estrés hídrico global - Periódico EL Pais

El motor invisible de la IA: Centros de datos aceleran el estrés hídrico global

El motor invisible de la IA: Centros de datos aceleran el estrés hídrico global

La humanidad enfrenta la paradoja de construir su futuro digital a expensas del recurso más vital para su supervivencia biológica. La regulación gubernamental en el uso del suelo y el agua para empresas tecnológicas será el principal frente de batalla ambiental en la segunda mitad de esta década. 

El auge de la Inteligencia Artificial y la computación en la nube ha chocado de frente con la crisis climática. La infraestructura que sostiene la vida digital consume miles de millones de litros de agua dulce, despertando alarmas en comunidades de todo el mundo.

El epicentro del problema: Estados Unidos

La infraestructura de datos en los EE. UU. enfrenta una encrucijada crítica. Grandes servidores que procesan millones de consultas de IA generan temperaturas extremas que requieren enfriamiento constante.

  • Ubicación en zonas de sequía: Una investigación reciente de The Guardian reveló que aproximadamente dos tercios (64%) de los nuevos centros de datos proyectados en EE. UU. se están construyendo en zonas clasificadas bajo estrés hídrico o sequía extrema.
  • Consumo desmedido: Los centros de datos a gran escala pueden llegar a consumir hasta 5 millones de galones de agua al día (el equivalente al consumo de una población de 50,000 personas). Para el año 2028, se proyecta que la demanda hídrica de estas instalaciones en EE. UU. alcance los 73,000 millones de galones anuales.
  • Zonas críticas: El estado de Texas, partes de Utah y el condado de Maricopa en Arizona (zonas desérticas con acuíferos ya sobreexplotados) concentran gran parte de las nuevas construcciones.

La crisis se expande: ¿Dónde más preocupa en el mundo?

El problema no es exclusivo de Norteamérica. Solo 32 países albergan infraestructura especializada para IA, concentrando el impacto ecológico en regiones específicas:

  • Europa (El caso de Irlanda y los Países Nórdicos): En Irlanda, los centros de datos llegaron a consumir el 21% de toda la electricidad de la red nacional, lo que obligó al operador eléctrico a congelar temporalmente la aprobación de nuevos complejos hídrico-dependientes en los alrededores de Dublín. En los Países Bajos y Alemania, el uso de agua potable para refrigerar servidores ha desatado disputas con agricultores locales.
  • Latinoamérica (México, Chile y Uruguay): La expansión en América Latina está provocando crecientes tensiones socioambientales. En Querétaro (México) y en Santiago (Chile), comunidades y activistas denuncian que la prioridad gubernamental dada al suministro de agua para estas megaestructuras tecnológicas agrava la escasez hídrica domiciliaria en épocas de sequía severa.
  • Asia (Singapur y China): Debido a la escasez de tierras y agua, Singapur impuso una estricta moratoria durante años al desarrollo de nuevos servidores, levantada solo bajo rigurosas métricas de eficiencia hídrica.

Proyecciones globales alarmantes de la ONU

Un contundente informe emitido en junio de 2026 por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) puso cifras a la gravedad del asunto:

«Para el año 2030, la huella hídrica global derivada exclusivamente de los centros de datos orientados a la Inteligencia Artificial equivaldrá a las necesidades domésticas básicas de 1,300 millones de personas (toda la población combinada de África subsahariana).»

El reporte de la ONU aclara además que la «huella hídrica» va más allá del enfriamiento directo en el sitio: incluye los millones de litros de agua evaporados indirectamente para generar la electricidad (hidroeléctricas, plantas térmicas) que alimenta las computadoras las 24 horas del día.

La búsqueda de soluciones urgentes

Ante la presión pública y gubernamental, los gigantes tecnológicos (Microsoft, Google, Meta) se ven obligados a acelerar soluciones de mitigación:

  1. Refrigeración líquida de circuito cerrado: Reemplazar las torres de evaporación tradicionales por circuitos cerrados donde el agua circula sin evaporarse (mezclada con glicol), reduciendo el consumo directo prácticamente a cero.
  2. Uso de aguas grises: Dejar de succionar agua potable de las redes urbanas y adaptar sistemas para usar exclusivamente aguas industriales recicladas o no aptas para el consumo humano.
  3. Migración climática: Construir centros de datos en climas extremadamente fríos (como los países nórdicos), permitiendo usar el aire exterior helado para enfriar los servidores de forma natural durante gran parte del año.

El uso de glicol como alternativa ecológica para enfriar servidores es una solución muy eficiente para ahorrar agua, pero introduce un nuevo elemento químico a la ecuación. Cuando hablamos de «glicol», es fundamental separar los dos tipos principales que existen en la industria, ya que uno es altamente peligroso y el otro es considerablemente seguro.

El impacto de ambos, tanto para la salud humana como para el medio ambiente:

1. Etilenglicol (El tipo peligroso)

Es el compuesto tradicional y más económico, utilizado comúnmente en los anticongelantes de automóviles.

Impacto en el ser humano (Alta toxicidad): Es altamente tóxico si se ingiere, inhala en espacios cerrados o se absorbe de forma prolongada por la piel. Una vez en el organismo, se metaboliza en compuestos que atacan severamente el sistema nervioso central, el corazón y, principalmente, causa insuficiencia renal aguda. Un gran peligro añadido es que tiene un sabor dulce, lo que históricamente ha provocado envenenamientos accidentales en niños y mascotas.

Impacto ambiental: Aunque es biodegradable en el agua y el suelo en un periodo de unos pocos días a semanas, si ocurre una fuga masiva en un centro de datos, puede contaminar acuíferos locales antes de degradarse. Durante su proceso de descomposición en el agua, consume grandes cantidades de oxígeno, lo que puede asfixiar la flora y fauna acuática local (anoxia).

2. Propilenglicol (La alternativa segura)

Debido a los riesgos del etilenglicol, la gran mayoría de las industrias tecnológicas y de centros de datos modernos están obligadas por normativas ambientales a utilizar propilenglicol.

Impacto en el ser humano (Baja toxicidad / Seguro): Está clasificado por las autoridades de salud (como la FDA) como una sustancia «generalmente reconocida como segura» (GRAS). Es tan poco tóxico que se utiliza habitualmente como aditivo en alimentos, cosméticos, medicamentos y en los líquidos de los vapeadores. En caso de contacto accidental o inhalación de vapores en el centro de datos, los riesgos de una intoxicación grave son extremadamente bajos.

Impacto ambiental: Es fácilmente biodegradable y no se bioacumula en las cadenas alimenticias. Al igual que el etilenglicol, una fuga masiva podría demandar oxígeno en el agua durante su degradación, pero no deja residuos químicos persistentes ni toxinas a largo plazo en el suelo.

El verdadero riesgo en los centros de datos

El peligro real en la infraestructura tecnológica no proviene necesariamente del glicol puro, sino de los aditivos que se le agregan.

Para que el fluido dure años dentro de las tuberías de los servidores sin pudrirse ni desgastar los metales, se le mezclan inhibidores de corrosión y biocidas (para evitar que crezcan bacterias o algas). Si ocurre una ruptura en las tuberías o un desecho irresponsable de estos fluidos, son estos aditivos químicos y metales pesados arrastrados del sistema los que representan el mayor riesgo de contaminación química para las comunidades locales. Por ello, las plantas de datos operan bajo estrictos protocolos de contención de fluidos.