Los bacteriófagos, o fagos, son virus que infectan selectivamente a las bacterias, se replican en su interior y en última instancia, destruyen las células bacterianas. Se estudian como complemento o alternativa a los antibióticos, sobre todo ahora que la resistencia a los antimicrobianos limita las opciones de tratamiento convencionales.[1]
Este enfoque podría beneficiar a pacientes en quienes la antibioticoterapia convencional ya no resulta eficaz. Entre sus posibles aplicaciones se incluyen las siguientes:
- Infecciones respiratorias crónicas.
- Infecciones sistémicas graves.
- Infecciones de huesos, articulaciones, cutáneas u otorrinolaringológicas.
La terapia con fagos ya se utiliza en países como Bélgica y Estados Unidos, aunque en Europa Occidental todavía se ofrece principalmente fuera de la atención estándar. Los enfoques actuales incluyen tratamiento individualizado, programas nacionales especiales, preparación en farmacias hospitalarias y ensayos clínicos. Sin embargo, Europa aún no cuenta con un marco jurídico y normativo armonizado que permita ofrecer ampliamente las terapias con fagos en la práctica clínica habitual.
Terapia fágica personalizada
Un grupo de trabajo internacional liderado por la Sociedad Alemana de Enfermedades Infecciosas, formado por 20 sociedades profesionales, asociaciones de pacientes, autoridades reguladoras y 18 expertos internacionales, elaboró una guía para la terapia personalizada con fagos, que contiene más de 60 recomendaciones que abarcan selección y análisis de los fagos, infraestructura, preparación y control de calidad, administración, seguimiento, documentación e investigación futura. También se creó un registro como parte del desarrollo de la guía, declaración de consenso publicada en Nature Medicine.
«Dado que los fagos actúan de forma muy específica contra sus hospederos bacterianos, es necesario identificar un fago adecuado para cada tratamiento y someterlo a pruebas frente a la cepa bacteriana que causa la infección actual», afirmó la Dra. Silvia Würstle, máster en administración de empresas, investigadora del Departamento de Medicina Interna II, División de Enfermedades Infecciosas, Facultad de Medicina Universitaria de Fráncfort, Universidad Goethe de Fráncfort, en Fráncfort del Meno, Alemania, y autora principal de la guía, durante una rueda de prensa con el Science Media Center.2]
«También es importante adoptar un enfoque interdisciplinario», afirmó la Dra. Annika Y. Classen, especialista en medicina interna y enfermedades infecciosas del Departamento I de Medicina Interna, División de Enfermedades Infecciosas, Facultad de Medicina y Hospital Universitario de Colonia, Universidad de Colonia, en Colonia, Alemania, y autora de la guía.
Evaluación interdisciplinaria
Por tanto, la guía propone que cada caso se evalúe mediante un enfoque interdisciplinario en el que participen médicos responsables del tratamiento, microbiólogos clínicos y expertos reconocidos en fagos. Antes de iniciar el tratamiento el fago seleccionado debe someterse lo antes posible a pruebas de compatibilidad con la cepa bacteriana actual, lo que se conoce como «compatibilidad del fago». Esto es importante porque la susceptibilidad bacteriana a los fagos puede cambiar con el tiempo. En las infecciones polimicrobianas todas las especies bacterianas causantes deben someterse a pruebas de susceptibilidad a los fagos.
La Dra. Würstle señaló que la terapia con fagos personalizada puede considerarse cuando las opciones de tratamiento establecidas son ineficaces, no están disponibles o resultan inadecuadas. Hasta la fecha, la investigación clínica ha indicado un perfil de efectos adversos favorable cuando los fagos se fabrican y administran de acuerdo con las normas de calidad idóneas. Sin embargo, su eficacia aún no se ha demostrado suficientemente en ensayos clínicos controlados. Por tanto, la nueva guía considera la terapia con fagos como una opción de tratamiento individualizada que debe evaluarse caso por caso y no como un tratamiento estándar de uso generalizado.
Un siglo de fagos
Los fagos se han utilizado desde hace más de 100 años. En 1919 un niño de 12 años con disentería grave fue tratado con fagos. En 1939 Behringwerke introdujo el Dysentery-Polyfagin para las infecciones por Shigella y en 1962 se utilizó la Intestolysin en Alemania Oriental contra fiebre tifoidea, paratifoidea, disentería e infecciones por Escherichia coli patógena.
La Dra. Classen destacó que el renovado interés por los fagos refleja el creciente desafío que suponen las infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos en la práctica clínica.
«Necesitamos complementar nuestras estrategias antibióticas. Sin embargo, actualmente no están llegando al mercado nuevos antibióticos en las cantidades que necesitamos para abordar estos problemas de resistencia», afirmó la especialista.
Una ventaja potencial es que las bacterias resistentes a los antibióticos pueden seguir siendo susceptibles a los fagos, ya que los mecanismos de resistencia subyacentes pueden ser diferentes.
Los fagos son muy específicos y actúan sobre especies bacterianas concretas. «Esto permite aplicar estrategias de descolonización más respetuosas con la flora bacteriana que los antibióticos convencionales, que son menos selectivos», señaló la Dra. Classen. Otra ventaja potencial de los fagos es su amplia disponibilidad.
Primeras experiencias clínicas
La Dra. Würstle trató con éxito diez pacientes con fagos en Fráncfort. «Todos los pacientes se han beneficiado de este tratamiento, lo que me ha dado mucha alegría. Actualmente podemos tratar Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus y pronto podremos hacerlo con otras especies «, informó.
Los fagos están disponibles en formulaciones para administración intravenosa, inhalación, administración nasal y como hidrogel estéril para heridas.
La Dra. Würstle subrayó que «los fagos no son una cura milagrosa». Los datos observacionales proporcionan indicios preliminares de los posibles beneficios del tratamiento. En una serie de casos belga de 100 pacientes tratados el estado clínico mejoró en 77 %, mientras que las bacterias diana dejaron de ser detectables en 61 % de los casos, agregó. No obstante, estos hallazgos no pueden sustituir la evidencia procedente de ensayos clínicos controlados.
Es importante realizar seguimiento estrecho, ya que la rápida destrucción bacteriana causada por los fagos puede desencadenar fiebre. En tales casos puede ser necesario reducir la dosis de fagos. El tratamiento también puede administrarse en una dosis demasiado baja, pues las concentraciones de fagos pueden disminuir durante los meses de almacenamiento. Por tanto, es necesario comprobar la concentración antes de iniciar el tratamiento.
La evidencia sigue siendo limitada
El Dr. Jan Rupp, profesor y jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas y Microbiología de la Universidad de Lübeck y del Centro Médico Universitario de Schleswig-Holstein, en Lübeck, Alemania, que no participó en la elaboración de la guía, hizo hincapié en la necesidad de nuevas opciones terapéuticas para los patógenos multirresistentes y propuso que la combinación de antibióticos con fagos podría ofrecer opciones terapéuticas adicionales.
La Dra. Classen confirmó que esta guía aún no ofrece recomendaciones terapéuticas directas. «Hay muy pocos estudios que demuestren la eficacia de los fagos. Por tanto, no podemos decir: ‘Utilice estos fagos específicos cuando un paciente tenga neumonía’, porque esos datos no existen».
Tan pronto se disponga de más evidencia procedente de ensayos clínicos podrán formularse recomendaciones terapéuticas más específicas. La Dra. Würstle y la Dra. Classen también hicieron hincapié en la importancia de documentar cada caso en el registro para generar evidencia.
Basándose en el número de pacientes hospitalizados con patógenos multirresistentes, el Dr. Rupp estimó que aproximadamente 10.000 pacientes en Alemania podrían beneficiarse de la terapia con fagos. La Dra. Classen ha identificado una serie de posibles aplicaciones. Por ejemplo, los fagos pueden administrarse directamente en la vejiga para tratar infecciones urinarias o inyectarse en una articulación para tratar infecciones articulares.
Un posible enfoque preventivo consistiría en aplicar fagos directamente sobre las prótesis antes de su implantación. El Dr. Rupp espera que la terapia con fagos salga de su «condición de tratamiento de nicho y desempeñe un papel claro, por ejemplo, como terapia complementaria al tratamiento con antibióticos para patógenos graves multirresistentes. Creo que ahí es donde reside la mayor necesidad», concluyó.
Este contenido se tradujo de la edición en alemán de Medscape.




