Un grupo de 13 sociedades médicas españolas presentó ante el Congreso un informe fundamentado en más de 70 evidencias científicas para exigir que se prohíba el uso de dispositivos digitales en niños menores de seis años.
Durante la comparecencia, los especialistas advirtieron que la exposición precoz a la tecnología constituye «el mayor hackeo cerebral de la historia de la humanidad» y solicitaron catalogar la digitalización infantil como un problema prioritario de salud pública en la futura ley de protección al menor.
El documento establece directrices severas sobre los límites de uso por edad: recomendación estricta de cero pantallas entre los 0 y 6 años, un máximo de una hora diaria supervisada de los 6 a los 12 años y dos horas como límite a partir de los 12. Además, el informe pone en alerta sobre los riesgos crecientes de la dependencia emocional hacia sistemas de inteligencia artificial en adolescentes, así como el aislamiento socioemocional.
Evidencia científica: El impacto neurológico en el cerebro infantil
Diversas investigaciones clínicas y neurocientíficas detallan las alteraciones estructurales y funcionales que genera la sobreexposición digital durante las etapas clave del neurodesarrollo:
Deterioro de la sustancia blanca: Investigaciones médicas (como los estudios de John S. Hutton) demuestran que una mayor exposición a pantallas en etapas preescolares reduce la integridad y el grosor de la sustancia blanca en las vías frontotemporales. Esto compromete las «autopistas neuronales» responsables del lenguaje, la comprensión y las funciones ejecutivas.
Alteración de la corteza prefrontal: La estimulación digital continua afecta el desarrollo del área frontal del cerebro, encargada del autocontrol, la planificación y la toma de decisiones. Como consecuencia, los niños muestran una mayor impulsividad y baja tolerancia a la frustración.
Hiperactivación dopaminérgica y patrones adictivos: Los cambios de ritmo rápido, sonidos y recompensas en las pantallas generan descargas de dopamina intermitentes que sobrecargan el sistema de recompensa cerebral. Esto incrementa el umbral de placer, haciendo que las actividades de la vida real (como leer o jugar) se perciban como aburridas.
Efecto de sustitución y desarrollo sensorial: Al sustituir la interacción humana directa y la exploración física por la pantalla, el cerebro infantil pierde estímulos esenciales para la plasticidad cerebral, la regulación emocional y el desarrollo completo del lenguaje.



