PARÍS — El campo de la cirugía cardiovascular ha alcanzado un hito histórico gracias al desarrollo y consolidación del primer corazón artificial total (TAH, por sus siglas en inglés) de características biocompatibles, diseñado por la compañía biomédica francesa Carmat. Este dispositivo representa uno de los avances más complejos de la medicina moderna, al ofrecer una alternativa tecnológica a los pacientes que sufren de insuficiencia cardíaca biventricular terminal.
A diferencia de los dispositivos de asistencia mecánica del pasado, el diseño francés destaca por incorporar tejido biológico (especialmente membranas de origen bovino de la firma del reconocido cirujano Alain Carpentier) en las zonas que entran en contacto directo con la sangre del paciente. Esta innovación reduce de forma drástica el riesgo de rechazo inmunológico y la formación de coágulos sanguíneos, disminuyendo la necesidad de tratamientos anticoagulantes severos que suelen comprometer la salud del paciente.
El mecanismo: Tecnología espacial aplicada a la salud
El dispositivo, cuyo desarrollo ha tomado más de quince años de investigación con el respaldo de corporaciones aeroespaciales europeas, funciona mediante un sistema electromecánico y de fluidos hidráulicos que imitan la acción de bombeo de los ventrículos humanos. Cuenta con sensores de última generación capaces de detectar los cambios en la presión arterial del portador, lo que le permite acelerar o desacelerar el ritmo cardíaco de forma autónoma dependiendo de si el individuo se encuentra en reposo o realizando alguna actividad física ligera.
Actualmente, el dispositivo está aprobado en la Unión Europea principalmente bajo la modalidad de «puente para trasplante». Esto significa que su objetivo primordial es mantener con vida y estabilizar a los enfermos críticos mientras se localiza un órgano compatible de un donante humano, una espera que en muchos casos solía ser mortal debido a la escasez mundial de órganos.



