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Un minuto nada más

Fidel López Eguizábal Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia flopez@ufg.edu.sv

Por: Fidel López Eguizábal

Para  los  que deseamos un minuto nada más para poder estar con nuestros seres  amados…

El ser humano necesita en su vida realizar un examen de conciencia, necesita llenar su alma de buenos recuerdos. Los que habitamos  este  planeta estamos llenos de pasiones y necesitamos reencontrarnos con nuestro ser interno. Todos nuestros sentidos siempre hacen que se active los recuerdos, eso  nos  hace vivir. Un minuto nada más de meditación es lo que se necesita para que la mente recuerde y nos haga transpirar lo bueno y malo que hemos vivido.

El psicólogo sabe que si recordamos un minuto de nuestra niñez, es suficiente para que identifique lo que verdaderamente somos…el ser humano necesita realizar una retrospección para sentirse bien. Tiene  que limpiar las impurezas del alma para vivir eternamente…

Cuando hemos recorrido la vida, aprendemos a vivir; sin embargo, existen circunstancias en las que hacemos recordatorios, en la que el alma se queda pensando en todas las cosas que nos han impactado.

Dios, sé que existes, sé que eres  Ser Supremo, y para poder seguir viviendo te pido: un minuto nada más…”Quiero volver a vivir, eso me  alimenta mi corazón y mi alma”.

Esa tarde de invierno, se escuchaba venir un sepelio, era la de Sergio, un pequeño niño de 8 años que murió por  cáncer…en el cementerio todos callamos cuando los padres y hermanos se despedían y el silencio se rompió cuando el mariachi toca “Amor eterno”, el violín logró tocar los corazones de los presentes. Un minuto de silencio fue lo que solicitó el padre de familia, el viento se mezcló con el suspirar  de todos los presentes. Al pasar los años, los padres contemplan las fotos de su hijo, observan las fotos de la graduación de colegio, los trofeos que ganó en el equipo de fútbol…siguen clamando  al más  allá un minuto para poder acariciar a su hijo…

Un minuto nada más…quisiera que mi  madre estuviera conmigo, que viera la nueva generación que  he formado, que contemplara por un momento el rostro de mis hijos, que sonriera y se sintiera orgullosa por los  logros míos y los de mi familia…

En el día de la graduación, con alegoría disfrutamos los logros, un banquete nos espera luego de recibir el título, empero, hay algo importante que nos hace falta, es el ser amado, el que no está en el auditórium, el que no está en las fotos, el que hace falta para que manifieste “felicidades hijo, yo sabía que lograría su triunfo”. Un minuto nada más…todos hacemos un recuerdo y sentimos el deseo de tener a ese ser amado con nosotros. Se cree que su alma está a un lado.

Observé esa tarde al director del centro de estudios nombrar a la alumna que se fue de este mundo por una enfermedad terminal. Los padres están presentes y sienten un duro golpe en el corazón cuando escuchan el nombre de su hija. Ellos recibieron el título de su hija, todos quedaron impactados en ese momento, suspiraron y echaron a llorar. Con orgullo y gallardía los padres observan el título; mientras tanto, solo desean un minuto nada más, desean que Dios les devuelva por un minuto a su amada hija y que una sonrisa les llene el  alma de vida…

Podemos  tener los mejores manjares en Navidad, podemos tener riquezas y triunfos; sin embargo, queremos  que  Dios nos regale por un momento a ese  ser que siempre estuvo en las buenas y en las malas con nosotros. Ir al cementerio es la única opción que nos queda. En ocasiones, nos hemos quedado todo  el día pensando tantas cosas vividas…

Un minuto nada  más…”señor carcelero, por  favor le solicito con humildad el deseo de poder ver por un minuto nada más a mi hijo, quiero decirle que me perdone, quiero limpiar mi alma, quiero abrazarlo y decirle cuanto lo amo, por favor  permítame hacerlo…solo un minuto solicito”. “Padre, está perdonado, sé  que cometió errores, no se preocupe, me siento alegre por estar con usted y decirle que le amo, decirle que puede quedarse acá con el  alma limpia”. Ese minuto vale más que mil palabras, ese minuto vale más  que todo  el oro del mundo.

“Enfermera, por favor deseo ver a mi madre por última vez, me han concedido el permiso de venir desde la prisión, solo tengo un minuto para decirle adiós  a mi  madre, para decirle que sin ella yo no hubiese venido a este mundo, quiero decirle que me perdone y quiero escuchar de ella una palabra de amor, como las que me susurraba al oído cuando me llevaba en sus brazos a la cama”.

Hermano, he venido de un lugar remoto, quiero decirle que me disculpe por no haber estado en sus mejores momentos. Disfrutemos este minuto de vida y conversemos día y noche de todo lo vivido. Eso sí hermano, quisiera retroceder el tiempo, pero eso no se puede. Nada más quiero volver a vivir los mejores momentos…

Un minuto nada más te pido Dios, bien dicen que hemos de disfrutar cada instante, quien no lo ha hecho, se ha condenado a amargarse y a no reconocer el néctar de la vida.

Un minuto nada más te pido Dios para decirle en la iglesia a mi amada esposa que la amaré por siempre…

Un minuto nada más necesito para entrar a la casa que me vio nacer y crecer, ese instante será suficiente para salir de ese lugar y continuar mi caminar.

Esa mañana necesité de un minuto nada más para despedirme de mi amigo, quien se iba al extranjero becado, pero un accidente aéreo le  arrebató la vida. Ese minuto de despedida es el que quedó grabado en mis recuerdos. Dios, logramos comprender que en un instante, el destino cambia constantemente y sin explicaciones.

Un minuto nada más necesito para estar con los que les tuve que decir cosas bonitas, un minuto nada más necesito para estar con aquellos que  ofendí y disculparme. Eso me hará sentir bien…

Un minuto nada más necesito, para poder tener a mi esposa otra vez junto a mi lado; ya no es lo mismo sin ella, mis hijos me visitan, mis nietos me alegran el día, pero, yo solo quiero un minuto nada más con mi amada. Los mejores momentos de mi vida los tuve con mi esposa, solo quiero un instante de vida para poderle decir que la amo. Nada más eso quiero de la vida…nada más.

Un minuto nada más para volver a vivir  los días de playa, los momentos en el lago, los días de escuela y de universidad. Un minuto nada más para recordar las vicisitudes y los triunfos.

Un minuto es lo único que necesitamos en ocasiones  para limpiar el alma, es lo único que deseamos para pedir perdón o para decirle  a  alguien cuanto se le ama.

Un minuto nada más pide el enfermo de cáncer para poder vivir…un minuto nada más…

Gracias a la vida le doy por permitirme escribir y llenar de pureza las almas que necesitan un minuto de vida para reencontrarse consigo mismos…nada más hay que hacer algo “Amar la vida minuto a minuto”.

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