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Un minuto con mi padre

Fidel López Eguizábal Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia flopez@ufg.edu.sv
Fidel López Eguizábal Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia flopez@ufg.edu.sv

Fidel López Eguizábal
Docente Investigador
Universidad Francisco Gavidia
flopez@ufg.edu.sv

Por Fidel López Eguizábal

 

El hijo humilde, el que siempre guardaba el recuerdo de su padre, tuvo un sueño, soñó que a su casa llegó a visitarlo el padre. Cuando tocó la puerta, sintió escalofríos. El padre, quien había muerto hace muchos años deseaba platicar un minuto nada más…

 

– ¡Hijo, vine a platicar un minuto con usted!

-¿Padre, hace años que lo fuimos  a enterrar?

-¡Creo que merezco una oportunidad! Dijo el padre con una gran felicidad en su rostro

El hijo nada más se quedó como piedra viendo a uno de los seres que más amaba.

-Hijo, no llore. Soy yo. No tenga miedo.

El hijo, lo primero que hizo fue recordar los mejores tiempos que había pasado con su padre. Recordó las tardes en las que el padre llegaba del trabajo y le enseñó a leer; cuando lo llevaba a la playa a contemplar las maravillas de las naturaleza. Recordó cuando le enseñó a manejar la bicicleta; cuando lo llevó por primera vez a la escuela y los buenos momentos cuando iban al parque a jugar fútbol.

-Padre, es una alegría verlo físicamente otra vez.

-Gracias hijo, solo quiero decirle algo, usted fue un gran hijo. Nunca me faltó el respeto y siempre fue humilde.

-Gracias papá. Sabe, yo también lo recuerdo como un gran padre. Usted nunca le faltó el respeto a mi mamá y nunca castigó severamente a mis hermanos. Nunca se le escuchó malas palabras, usted aconsejaba y siempre nos escuchaba. Papá, usted siempre fue humilde, viera cuantas flores hubo en su funeral. Eso significó que tuvo muchos amigos.

-Hijo, gracias, muchas gracias por esas palabras. Sabe hijo…lo que más me duele es que no pude estar en su graduación. Usted, había apartado el puesto el auditórium.

-Papá, no me haga llorar, usted sabe que su nombre está en mi tesis. Usted siempre luchó por vernos a todos crecer. Nunca se rindió.

-Hijo…¿Es feliz? El cáncer me impidió culminar una etapa en mi vida, verles triunfar.

-¡Sí papá!, usted me enseñó a nunca estar triste, sabe papá. Nos ha costado estar sin usted. Mi mamá trabaja duro, mi hermano mayor siempre está pendiente de nosotros. Desde que usted falleció nunca fue lo mismo…

-Hijo, el minuto que Dios le brindó para visitarle ya terminó, quizá, lo mejor fue que solo estuviese usted. Saldré por la misma puerta que entré. No se preocupe, en la vida siempre dejamos cosas pendientes por hacer…veo que en el hogar todo marcha bien.

-Siempre lo recordamos papá, siempre.

-Cuide a su mamá, le dice que mi amor por ella me lo llevé a la eternidad; les dice a sus hermanos que siempre estén unidos, y cada vez que se sienten en la mesa a comer, nunca dejen de orar, eso se los enseñé…me alegra ver que todas las cosas que dejé están siempre en su lugar, el sillón en el que me sentaba, los trofeos, las fotos, y lo más preciado, la foto cuando me casé con su mamá.

 

El padre se despidió con un fuerte abrazo, el hijo sintió que su corazón latía más. Fue el abrazo más grande que había sentido…

Esa noche, cuando todos estaban reunidos en la mesa, el hijo les contó el sueño. Todos echaron a llorar como nunca en su vida lo habían hecho…

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