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Tercer pais seguro: Centroamerica

Por      

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Para MOVIMIENTO LIBERTAD

San Salvador, 20 de agosto de 2019.

La tendencia política actual, es que los países del Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala, Honduras) y México sean, como lo es Canadá, un país tercer país seguro, en un endurecimiento de los ya existentes filtros migratorios, deteniendo así, la emigración masiva hacia los Estados Unidos. Esto implica, que cada país frene su emigración y sirva de receptor de la no contenida por otros países, obligándose a sustentarla. Potencialmente, será explosiva socialmente, a largo plazo, pues derivará en inmensos campos de concentración, como los que existen en Palestina o Siria, sin posibilidad de ser sostenidos sin ayuda humanitaria extranjera. Este peligro nuevo, potencial para nuestros Gobiernos y Estados Unidos, puede ser evitado y detener la emigración, si se ve a Centroamérica como un todo, para la solución a sus problemas individuales, y sin necesidad de recurrir a la ayuda de países extranjeros.

El término de “tercer país seguro”, es una derivación de los principios de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, e implica que, un país puede negarse a conceder asilo a una persona y remitirla a un tercer país que sea considerado “seguro”. En este caso, quienes quieran migrar hacia los Estados Unidos, mientras se tramita su asilo, tendrán que ser acogidos por México, Guatemala o El Salvador: el trámite puede durar años o ser, finalmente, denegado, quedando el individuo, en un limbo migratorio, si proviene de un país distinto.

No hay duda de que los países del Triángulo Norte y México, se convertirán en terceros países seguros, pues sus políticos accederán a ello, de cualquier modo, por quedar bien o por amenazas, pero al no resolverse las condiciones que han generado la crisis, sólo se convertirán en paliativos a un problema que, al acumularse, se volverá explosivo y desestabilizador del área.

Los problemas en Guatemala, causados por el narcotráfico, pueden ser contrarrestados por la apertura de sus tierras a la industria y generación agrícola y agroindustrial, lo mismo puede ser en Honduras y servir de diluyente a su aguda crisis política actual. Daniel Ortega ya no podría mantener a Nicaragua como su feudo y ésta dejaría de ser una isla en Centroamérica. La perene crisis fiscal de Costa Rica, sería perfectamente sostenible, por un aporte común centroamericano. El Salvador volcaría su población en Centroamérica y su crisis social y delincuencial, sería fácilmente controlable por la acción conjunta de todos los países centroamericanos.

Las crisis centroamericanas son provocadas por sus propios políticos: maras, narcotráfico, impunidad política, despilfarro y apropiación indebida de fondos públicos. No es posible admitir que no haya en Centroamérica hombres probos y dignos, si la economía se mantiene, gracias a la iniciativa privada y existen grupos cívicos que luchan por los principios de libertad, por la existencia de la vida desde el vientre materno, por el adulto mayor y por causas que dignifiquen al hombre.

En el peligro de la emigración ilegal y la amenaza del tráfico de drogas, debemos ver la oportunidad de alcanzar la estabilidad centroamericana, si cambiamos la actitud de los políticos, pues si abrimos Centroamérica a la emigración local y, con ella, llevamos la inversión, bajo los principios de la iniciativa privada y el libre comercio, lejos de ser un polo de desestabilización regional, podemos convertirnos en un polo de estabilidad y de consumo de los bienes, provenientes del resto del mundo.

Se opondrían los políticos que verían amenazados sus feudos y su modo de vida, pues aprovechan la debilidad del Estado para su beneficio, no el ciudadano ni el empresario. Sólo la presión social interna y la ejercida internacionalmente por los países interesados, pueden cambiar nuestro sombrío destino.

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