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Sobre las ignorancias

IGNORANCIA DE LA HISTORIA UNIVERSAL

 

Vivimos inmersos en la cultura del ya. El pasado no interesa; solo lo inmediato. Es un mal que se extiende por toda la cultura occidental y ataca con mayor gravedad a las nuevas generaciones. El Salvador no se salva de esa grave ignorancia.

Si se tuviera un conocimiento esencial del primitivo cristianismo y del emperador Constantino, se perdería todo interés por el libro y la película “el Código da Vinci”, donde la ignorancia o mala voluntad de sus autores llega a lo disparatado.

Sobre la Edad Media, no hace mucho, defendiendo a un juez de los ataques políticos malintencionados, un columnista habló de “analfabetismo del espíritu” y de “todas las sombras juntas que arruinaron la Edad Media”. Bastan esas pocas palabras para ver que dicho periodista está aquejado de lo mismo que acusa: es un ignorante completo de lo que en realidad fue la Edad Media. “El oscurantismo medieval” es una calumnia difundida por Voltaire y otros “ilustrados” del siglo dieciocho (con muchas más oscuridades que el medioevo). Bastaría que ese colega leyera “Las leyendas negras de la Iglesia”, de Vittorio Messori, “La mujer en tiempo de las cruzadas”, de Régine Pernoud, o “Como la Iglesia construyó la Civilización Occidental”, de Thomas E. Woods jr., para avergonzarse de sus palabras.

La Edad Media partió de la ruina y tinieblas que hundieron al Imperio Romano (con las misma lacras sociales que ahora difunde la cultura de la

muerte) para ir edificando poco a poco una cultura luminosa, alegre, optimista, solidaria, ¡feminista!, cuyo fruto más inmediato es el Renacimiento y el siguiente es el Siglo de Oro español. Después comenzarán los enemigos del cristianismo: primero Lutero, después la Ilustración, cuyo fruto inmediato es la Revolución Francesa (con el Terror y su guillotina, el genocidio de La Vendée, etc.) y el fruto tardío las otras revoluciones, la mexicana, la rusa, la de Mao en China, etc.

Por influencia tal vez de la masonería, sobre la Ilustración existe en nuestro país, toda una serie de estereotipos elogiosos que merecen un análisis más ecuánime y profundo. Todos los ilustrados se autodenominan filósofos pero el único que merece ese calificativo, y con letras mayúsculas, es Manuel Kant. A Montesquieu le debemos la separación de los tres poderes del Estado

moderno (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), piedra angular de la construcción democrática, ese mismo fundamento que ahora el FMLN y sus secuaces tratan

de destruir con la turbia colaboración del Presidente Funes. De Jean-Jacques Rousseau, su “Contrato Social” y su “Emilio, o de la educación” no resisten el paso del tiempo. Nunca ha existido su “buen salvaje” y sus ideas de libertad y de educación son lamentables. Voltaire escribe un “Tratado de la Tolerancia” que es una muestra de intolerancia radical contra el cristianismo.

Vale la pena leer las dos obras maestras de Paul Hazard “La crisis de la conciencia europea” y “El pensamiento europeo en el siglo XVIII” para tener una idea mas equilibrada sobre las luces y las sombras de este siglo tan pedante.

La historia es maestra de vida y si el 80 por ciento de los salvadoreños conocieran lo esencial de lo que ha sido el comunismo en la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea y Cuba, eso bastaría para el desprecio profundo de todo socialismo de inspiración más o menos comunista. Porque el comunismo ha sido y sigue siendo el mayor fracaso económico, la privación de libertades

mas terrible y un genocidio de mas de 100 millones asesinados.

En cuanto a la conquista y desarrollo de América por parte de España, no faltan abundantes y buenos historiadores pero sus obras no llegan al común de los salvadoreños. Maestros y profesores, ideologizados por la masonería o el marxismo, han difundido una visión negativa muy lejana a la realidad. Le cabe a Pedro Escalante Arce y a la Academia Salvadoreña de la Historia la urgente y necesaria tarea de ir difundiendo nuestra verdad histórica.

Luis Fernández Cuervo luchofcuervo@gmail.com

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