El sistema métrico del poder | Periódico EL Pais
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El sistema métrico del poder

De nuestra unidad métrica habría de emanar, primero, el litro para medir la capacidad. Después, el kilo, para medir el peso. El kilómetro por hora, para medir la velocidad. Y muchísimo más, incluyendo el año-luz que, aunque su nombre parece un medidor de tiempo es, en realidad, un indicador de distancias.

A donde quiero llegar con esto es a la idea que la aplicación objetiva de los medidores nos puede llevar a la precisión del cálculo político y consecuentemente del PODER, no obstante la subjetividad de nuestra selección.

Hace mucho tiempo ya, cuando alguien preguntaba la distancia a la que se encontraba el próximo pueblo, le habrían contestado que: “como a tres días a caballo”. Es decir, el hombre medía las distancias con un calendario. Pero no podemos sonreír con burla de ellos porque, hoy en día, los hombres medimos los fenómenos políticos también, con algo tan inútil como el calendario.

Buena muestra de ello es la corrupción. Hoy, las organizaciones nacionales e internacionales, públicas y privadas, científicas y populares, miden la corrupción con un medidor de percepción. Con encuestas, sondeos y cuestionarios pretenden medir la honestidad, calcular la moralidad y determinar la legalidad, que sólo pueden ser dictaminadas por el auditor o por el abogado.

Por eso no sabemos la razón por la que ¨rankean¨ a Dinamarca en el primer lugar y a El Salvador en el 143. Será porque los daneses tienen un gobierno honesto o porque son ingenuos. Será porque nuestro gobierno es muy ratero, que no lo sé, o porque 11 de cada 10 salvadoreños así lo proclaman, que no lo dudo. Es decir, porque estamos midiendo la decencia pública con un aplausómetro.

El día que instalemos medidores podremos comparar la corrupción de un tiempo a otro y de un lugar a otro. Sabremos si son más rateros los funcionarios daneses o los nuestros, para saber dónde estamos. Los del régimen actual o los del régimen futuro, para saber cómo vamos. Los de Sonsonate o los de Gotera, para saber quiénes somos.

La medición objetiva y no perceptiva de la legalidad, de la legitimidad, de la potestad, de la seguridad, de la efectividad y de la gobernabilidad son tan sólo algunos de los temas que invitamos a los analistas políticos a estudiar a fin de ilustrar al generoso lector.

Esto es un mero ejemplo porque no se trata tan sólo de una métrica del poder, sino de algo que va más allá. De interesar al político y al politólogo en una anatomía, en una fisiología, en una patología y en una terapia del poder. En conocer su estructura, su funcionamiento, su enfermedad y su curación, diría la ciencia médica. Pero, sobre todo, diría la ciencia política, en aceptar que el poder es ajeno, que es prestado y que es fugaz…

Por: Roberto Meza

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