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PLAN DE SEGURIDAD: CONFLICTO DE BAJA INTENSIDAD

El plan de seguridad implementado por Nayib Bukele, tiene origen en los principios del Conflicto de Baja Intensidad, por lo que es necesario considerarlo desde su duración, los derechos humanos y su financiamiento; no debe perderse de vista que el problema ha tenido origen en El Salvador, pero ha creado un problema regional y, al contenerlo en las fronteras de Estados Unidos, México y Guatemala, genera una contramarea aquí en El Salvador y, sin olvidar, que la naturaleza del emigrante, cambiará en el futuro.

El Conflicto de baja intensidad es una confrontación político –militar, entre un Estado y grupos armados, por debajo de la guerra convencional y, por encima de la seguridad pública, cuando ésta, es desbordada, implicando que requiere la orientación del Estado hacia ese fin; sus características son: 1) unidad de acción, 2) adaptabilidad, 3) legitimidad y 4) perseverancia. Su resultado dependerá del apoyo de la población, de cortar sus vías de abastecimiento y del apoyo internacional. Las razones de dicho conflicto, son diferentes a las de los años 80’s, pero en su desarrollo y evolución, guardan mucha similitud.

El pueblo ha aplaudido la represión a la mara, sin embargo, ésta no ha devuelto la confianza en la población, pues la presencia militar sólo por unos días, no basta; debe ser permanente sino que debe de ser permanente, hasta que la vida se normalice, condición que plantea el costo de las fases de intervención: los primeros días, se solicitaron 15 millones, luego 31, 91 y hoy, 120 millones, sólo de reorientación de presupuesto. Todo parece indicar que puede llegar muy pronto, a la necesidad de 500 millones, tal como se ha rumorado, pero, ¿tendremos capacidad de sostener este conflicto? La ayuda internacional se está dando, pero tendría que ser continua y sostenida hasta su estabilización, lo cual será a muy largo plazo, pues la mara se está desplazando a zonas rurales, pero sus familiares (dependientes de sus ingresos por extorsión) aún residen en esos municipios y, si la presencia militar es permanente y pasiva, desarrollarán nuevos métodos de extorsión o migraran, creando un nuevo tipo de migrantes.

El FMLN se ha mostrado muy solicito en apoyar a la mara y a sus parientes, y ser el canal político de esa situación, logrando una permanencia e n el tiempo, y además en última instancia, canalizar la opinión pública internacional, favorable a los derechos humanos y a la emigración.

Como muestra de ello, es el caos jurídico que están causando las nuevas disposiciones en los centros penales; su director, seguramente, se verá responsabilizado, dentro de muchos años, por los hechos que hoy se están dando, como lo son hoy, los procesados por el Mozote, por la muerte de los sacerdotes jesuitas o el Calabozo. Las fuerzas que actualmente se manifiestan en favor de las maras y en el mundo, el derecho a la emigración, son las mismas que exigen el castigo a las violaciones de derechos humanos, durante el pasado conflicto armado.

No olvidemos de que para que en El Salvador se desarrollase el conflicto de baja intensidad en los 80´s, Estados Unidos tuvo que prever la amenaza que El Salvador constituiría, si caía en la esfera soviética, y por ello, hizo punto prioritario, su ayuda militar. En el presente, El Salvador, vuelve a ser una posible amenaza para la desestabilización del área y, la lucha que se ha emprendido será larga y costosa: no puede ser enfrentada con éxito por los salvadoreños, sin consumir sus recursos y limitar su desarrollo, lo cual agravará más el problema  de la emigración.

 

 

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