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Mejorar cultivos para paliar desnutrición

Por Matthew O. Berger

WASHINGTON, nov (IPS) – La biofortificación se propone como medida para abordar la deficiencia de micronutrientes en los alimentos que consume la población de los países pobres, y recién ahora empieza a dar, literalmente, sus frutos.

Cuando la revolución verde echó raíces, en los años 60 y 70, la principal preocupación de los biólogos era aumentar los rendimientos de los cultivos alimentarios básicos para la población de las naciones en desarrollo.

Esto tenía sentido: así aumentaría la cantidad de alimentos disponibles para los pobres del mundo, reduciendo el hambre.

En términos generales, así fue. Pero ¿qué habría ocurrido si esos cultivos hubieran carecido de micronutrientes como vitamina A, hierro o cinc, necesarios para tener cuerpos saludables?

En África subsahariana, muchas personas, especialmente en áreas rurales, dependen de alimentos básicos como el boniato blanco o el maíz blanco, que pueden carecer de cantidades suficientes de los nutrientes que sus organismos necesitan.

La falta de vitamina A, por ejemplo, hace que por lo menos 250.000 niños queden ciegos cada año, según la Organización Mundial de la Salud. Y la mitad fallece al año siguiente.

Las cantidades necesarias pueden hallarse en otros alimentos que se consumen en otras partes del mundo. Pero en vez de asumir la abrumadora tarea de cambiar dietas y tradiciones, quienes buscaban mejorar los cultivos empezaron a desarrollar variedades de color naranja de estos alimentos que se adaptaran a las condiciones de África subsahariana.

Las investigaciones sobre los boniatos naranjas comenzaron a mediados de los años 90. En 2005 se involucró en los estudios una organización llamada HarvestPlus, con sede en Washington, que es financiada por gobiernos, fundaciones e institutos científicos y parte del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR).

Así se fijaron objetivos claros: aumentar 1.500 por ciento la cantidad de provitamina A en los boniatos con los que se alimentaba la población de África oriental.

En 2007 introdujeron ese tubérculo en Uganda, en medio de una campaña publicitaria complementaria para difundir el mensaje de que las variedades de color naranja eran sinónimo de salud y que la población debería elegir plantarlas.

En un plazo de 18 meses comprobaron los impactos nutricionales en la salud de la población.

Como la carencia de vitamina A era tan grande y el boniato naranja la contiene en abundancia, se requirió una pequeña cantidad de esta verdura para satisfacer la ingesta diaria recomendada para un niño pequeño, dijo Jan Low, quien lidera el trabajo de HarvestPlus sobre los boniatos.

Mientras la organización prevé introducir nuevas variedades de maíz, arroz, mandioca y otros cultivos producidos para ser más nutritivos, HarvestPlus inició el martes una conferencia sobre biofortificación en Washington. Señala que ésta, que finalizará el jueves, es la primera reunión internacional sobre cómo la agricultura puede atacar la desnutrición por falta de micronutrientes.

HarvestPlus está lista para difundir varios cultivos en los próximos años, pero este paso requerirá fondos adicionales. “El costo inicial de la investigación sobre mejoramiento de cultivos (…) es relativamente bajo, pero cuando se está por llegar a las etapas finales de desarrollo (…) los costos aumentan”, dijo a la prensa el director de la organización, Howarth Bouis.

Sin embargo, al mismo tiempo Bouis considera que los donantes están más interesados en invertir en nutrición, además de usar a la agricultura como herramienta para mejorarla.

“En el pasado, quienes trabajaban en temas de nutrición no vieron realmente a la agricultura como un medio básico de mejorar la nutrición”, declaró, señalando que se prefería los complementos y la práctica de fortificar con micronutrientes alimentos preparados o envasados.

Pero esas prácticas se centran más en los consumidores urbanos. Para llegar a los indigentes, que se encuentran predominantemente en áreas rurales, consideraron necesario mejorar ellos mismos los cultivos, pero hacerlo por vías convencionales, que evitaran tanto los escollos regulatorios y culturales como las preocupaciones en torno a la seguridad de la ingeniería genética.

Esto no significa que HarvestPlus rechace el potencial de los cultivos genéticamente modificados. La organización ha participado en la investigación de una variedad transgénica de arroz rico en hierro y cinc, y Bouis dijo que, si en el futuro resulta más fácil crear e introducir variedades transgénicas, lo harán.

Alex Johnson, quien trabaja en la variedad de arroz, sostuvo que resulta de vital importancia que las plantas que desarrollen produzcan semillas viables, a diferencia de las plantas patentadas de corporaciones agrícolas.

En el caso del boniato, ni siquiera se necesitan semillas. Los agricultores simplemente pasan los gajos a sus vecinos, en lo que Low llama uno de los procesos de diseminación más informales que se pueda imaginar.

Pero el impacto de aumentar la cantidad de vitaminas y nutrientes que pueden tener los cultivos tiene un límite.

“Hacer confluir las necesidades de nutrientes de toda la población en uno o dos granos y esperar que eso solucione sus problemas tiene serias limitaciones”, dijo Doug Gurian-Sherman, de la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Comprometidos).

“Esto realmente tiene que verse como una medida provisional –tal vez muy importante–, pero no como una solución en sí misma”, expresó.

Sin embargo, dio la bienvenida al énfasis que hace HarvestPlus en los métodos convencionales de mejoramiento de cultivos.

En general estos “han sido muy exitosos durante muchas décadas, pero su financiamiento se redujo tras la revolución verde, y muchos proyectos para mejorar los cultivos fueron directo al enfoque transgénico”, dijo.

“Pero organizaciones como HarvestPlus han redescubierto que en muchas situaciones el mejoramiento (es más efectivo) que la ingeniería genética”, añadió.

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