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Los mejores tiempos en el pueblo

Fidel López Eguizábal Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia flopez@ufg.edu.sv
Fidel López Eguizábal Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia flopez@ufg.edu.sv

Fidel López Eguizábal
Docente Investigador
Universidad Francisco Gavidia
flopez@ufg.edu.sv

Cuando creces en aquella colonia en donde los portones y la “maya razor” no te dejan percibir el maravilloso mundo, te quedas con los deseos de tener los mejores tiempos de tu vida…pudiste haber tenido una mejor niñez.

Crecer en un barrio de pueblo es lo mejor, se tienen los mejores amigos de infancia, se recuerda mejor a los vecinos. Todo el mundo sabía que existías; mientras en esas colonias, pasas por desapercibido, nadie supo que sonreías, gritabas y disfrutabas de un partido de fútbol y juegos tradicionales.

Jugábamos trompo, chibolas, encumbrábamos la “huachuma” (piscucha) la cual llegaba lejos, tan lejos que se perdía en las montañas del bosque El Imposible. Eso era un momento mágico. En ese barrio no existían pandillas, niños o jóvenes malos y, si lo había, eran pocos.

Recuerdo que podía salir a pasear a la hora que quería en la bicicleta marca Vecesa. Me sentía el niño más feliz del universo. No había semáforos o etiquetas que te decían qué hacer.

Los mejores tiempos se viven mejor en un barrio de pueblo, en donde compartes con gente pobre y gente de dinero, el que sabe vivir no te enseña qué son clases sociales. Niños pobres y ricos se llevan bien. A las piñatas te invitan, no te preguntan de qué clase social eres.

En la ciudad se tiene que entrar al McDonald con tarjeta de invitación y, los demás niños te miran de pie a cabeza. En la ciudad las casas son pequeñas, no hay patio para jugar, y los pasajes parecen rieles en donde pasa el tren. En el pueblo, el patio es suficientemente grande para que todos se tiren a recoger los dulces.

Los mejores tiempos, aunque no les guste a muchos, se viven mejor en pueblo. Es lo mejor que te puede pasar. Puedes cocinar con cocina de gas o con leña.

Puedes ir al campo a traer mangos, jocotes, a bañarte al río, a cortar café y a “vigiar” a la cipota que te gusta.

Los mejores tiempos se viven en el pueblo, la escuela es grande. En invierno nos mojábamos y tirábamos agua que iba rápido en la cuneta. No había policías que te regañaran. Es que esos son los mejores momentos.

En las grandes ciudades hay que buscar un parque para respirar aire puro. En el pueblo, pocos vehículos contaminan el aire y los estridentes pitos no se escuchan. La gente vive más en el pueblo; no saben lo que es la palabra estrés y no tienen horarios de oficina.

Los mejores tiempos de nuestras vidas se viven mejor en un pueblo. Cuantos soñadores planean ir a vivir a un pueblo sus últimos días. Un forastero sabe que todo el pueblo sabrá que existe, que conversa, que escucha música, que cuenta chistes, que ríe, llora y sobre todo brinda la amistad.

En los tiempos de mi niñez, no existían las redes sociales, nadie estaba atrapado como “zombis” en los Smartphone. No éramos regordetes o pasábamos todo el día jugando PlayStation. La televisión era el único aparato que nos robaba el tiempo, además, los programas no eran violentos como los actuales.

La globalización ha robado la infancia, la juventud y hasta la vida. Si no disfrutamos los mejores momentos, no lograremos ser felices.

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