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La oscura cueva del tigre

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Desde el año 2009, cuando se obtuvo la corona número 17 y última de las conquistadas por C.D. FAS; éste ha venido tropezando, dando tumbos y, por ratos; hasta dando lástima tanto en su aspecto administrativo como también en su condición de equipo, plantel, elenco o como se le quiera llamar al cuadro de jugadores y cuerpo técnico que conforman el representativo futbolístico de Santa Ana.

 Y es que luego de tal logro que significó alegría, celebración, festejo; FAS ya no ha visto la suya, pues al siguiente año, en 2010 y con motivo de la participación en el torneo CONCACAF, se desató el escándalo de los amaños en el que se involucró y mencionó a varios jugadores del entonces campeón del fútbol salvadoreño; señalamientos y acusaciones que mancharon el nombre, el prestigio, la imagen y el historial de la divisa santaneca, misma que ya venía arrastrando un feo antecedente por la venta de finales cuando le tocó disputarlas con Alianza y 11 Municipal; hecho no comprobado pero que comenzó a empañar el palmarés de la institución, causando desconfianza, recelo y sombras de duda entre los “fastanecos”, muchos de los cuales optaron por retirarse, dejar de seguir al equipo, y aun en lo más radical: alejarse de los estadios y del fútbol a raíz de esa pérdida de confianza y credibilidad en la franquicia azulgrana, además de repeler todo cuanto tuviera que ver con el espectáculo futbolero en nuestro país. Justa razón y lógica reacción.

 Pero lo peor que le pudo pasar a FAS al verse mezclado en el vergonzoso asunto de la compra-venta de compromisos internacionales (el más sonado fue el que sostuvo con Puerto Rico Islanders) se desencadenó a raíz no solo de la presunción o sospecha de la negociación de resultados sino, a la vez; de la participación de la directiva encabezada por los colombianos Pedro y Margarita Jaramillo, secundados por el poco o nada confiable Víctor Alemán.

 Esta era la gente a la que Byron Rodríguez le había depositado el control de los derechos del club, lo cual mantuvieron por año y medio, período que al finalizar les reportó dividendos de, al menos, 135 mil dólares a los seudo-dirigentes cafeteros, que fue lo que se estima se llevaron para su país cuando ya no soportaron la presión y el acoso debido al malestar generado por los indicios de corrupción que los vinculaba a los “negocios sucios” de FAS; algo que ellos negaron rotundamente, descargando toda la responsabilidad en la plantilla de jugadores, mismos que, a su vez; también evadieron los nexos que los ligaban al penoso incidente, aunque las miradas apuntaban hacia ellos y se volvieron más penetrantes e inquisidoras cuando el ex técnico Alberto Ruhana Perdomo, colombiano para más señas; declaró desde su país que él había tenido conocimiento de los arreglos fraudulentos, pero que no dijo nada antes para no “echarle más leña al fuego”, aparte de que no contaba con pruebas fehacientes.

 Es un caso no cerrado, más bien permanece congelado en el tiempo, en suspenso y en un absoluto misterio. Como sea o haya sido, FAS no paró allí su inestable trayecto a pesar que Byron retomó el mando y entró en platicas con la agrupación “Amigos de FAS”, al igual que con el “Comité Pro Rescate” liderado por Chalo Henríquez y, más tarde, con otros aspirantes, interesados, ofertantes que aspiraban a comprarle los derechos para devolver a FAS a sus raíces. Y así, desaparecían unos y surgían otros postulantes, sin que hasta hoy nadie o ninguno hayan llegado a un acuerdo, convenio o pacto para ponerse al frente de FAS, administrarlo, manejarlo, sacarlo adelante.

 El último intento conocido, el de Gerardo Erquicia; que inclusive anunció que ya todo estaba por definirse, para que aparezca “como el genio de la lámpara”, el patrón de la franquicia, Byron Rodríguez para aclarar que no va más el acercamiento con el Sr. Erquicia porque esto y aquello, tal o cual motivo, razón, factor o argumento, pues tal cosa aquí y otra allá; blah, blah, blah.

 Lo cierto que una vez más y por enésima ocasión, se vino abajo lo antes convenido y el forcejeo, el estira y encoge de la soga que tiene atado a C.D. FAS, suma y sigue sin que se vislumbre, al menos a corto plazo; el desenlace de este drama patético, triste y revelador que va ya para una década de mantener en vilo a los santanecos, pues como población les compete, les atañe y les importa en alguna medida lo que suceda con un valor propio de la ciudad, un símbolo representativo del localismo que caracteriza a la urbe y, más que todo; un patrimonio que debe pertenecer y, en este caso, volver a su terruño, a su sede, a su cuna natal; donde corresponde y es meritorio que tenga su sitial como cuando fue fundado y creado por notables santanecos y para los santanecos.

 Esperamos y confiamos que ahora que la transacción queda de nuevo en un punto muerto y se regresa, una vez más, a girar en la misma rueda que da vueltas y vueltas sin parar en ningún lugar; los actuales manejadores de FAS, se despojen de egoísmos, terquedades, obstinaciones y todo tipo de interés o conveniencia personal, particular o individual al discutir otra vez la posibilidad de ceder esos derechos, que todo parece indicar, van torcidos y en cada propuesta se alejan más de la gran esperanza que surge de terminar, finiquitar y concluir en algo bueno y provechoso para FAS, la noble voluntad que muestren las partes negociadoras para que este largo, intrincado y conflictivo episodio en el historial de los “Futbolistas Asociados Santanecos” culmine de la mejor manera y llegue a un final feliz, para todos.

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