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LA ARREMETIDA CONTRA LA DEMOCRACIA.

Se nos ha puesto de moda en los medios informativos un verbo  belicoso. Donde hasta hace poco se empleaban palabras más suaves, tolerantes y democráticas: comentó, contestó, criticó, negó, refutó…  ahora se usa y se abusa del verbo arremeter. Mal camino para entendernos pacíficamente en el diálogo político y social, para respetar la necesaria divergencia de opiniones y actitudes.

No me extrañaría que el periodista que lo puso de moda lo encontrara en el diario español El País que, con su constante aversión a la Iglesia Católica, lo emplea siempre para ponerlo, falsamente, en boca de Benedicto XVI. Que el actual pontífice tenga un talante pacífico y abierto al diálogo no importa. Diga lo que diga el Papa, ese volteriano periódico madrileño siempre lo verá como una arremetida. 

Si acudimos a un buen diccionario de la lengua, encontraremos que arremeter significa atacar con ímpetu y furia, acometer bruscamente, arrojarse con presteza, arrojarse del animal contra su presa, etc.” Mala cosa. 

Usar esta palabra en los medios muchas veces solo demuestra pobreza y pereza  de vocabulario en el periodista que la escribió, sin que la noticia lo fundamentase. En otras ocasiones manifiesta esa deformación profesional de algunos reporteros que piensan que toda noticia queda más atrayente y sabrosa si se la adereza con un tono agresivo y polémico, justificado o no. Pero otras muchas veces lleva, como en El País, la intención perversa de denigrar alguna declaración de alguien aunque fuera expuesta con serenidad y respeto para las opiniones contrarias. Usado así, el verbo arremeter denota una grave falta de ética periodística pues trata de injuriar y teñir de violencia palabras que en realidad no la tienen, y  así desprestigiar al que las dijo para que parezcan salidas de una mentalidad intolerante.

En nuestras latitudes las arremetidas verbales en los medios no son exclusivas de nadie. Pero si hay un personaje político que se ha ganado ese verbo agresivo con justicia ese es el diputado Sigfrido Reyes, Presidente de la Asamblea Legislativa. 

Desde aquel fatal 24 de abril con aquella turbia  manipulación política antidemocrática -certeramente designada como tamal tóxico- fruto del contubernio del FMLN, GANA y pequeños compañeros mártires, el campeón de las arremetidas con ímpetu y furia, en palabras y en hechos, ha sido sin duda alguna don Sigfrido. Su discurso de inauguración de la nueva Legislatura fue un lamentable ejemplo de embestida contra la Sala de lo Constitucional teniendo la prepotencia y osadía de pretender dictarle como debería actuar ese tribunal y acusándolo, cínicamente, de desestabilizar el

orden democrático. La justicia, al revés. Se cumple el adagio tradicional: “el bandido persiguiendo al juez”. 

Pero no engañan a nadie. Siguen los intrigantes del FMLN sin darse cuenta del poder esclarecedor que las redes sociales van adquiriendo para desenmascarar personajes y verdaderas intenciones tras las cortinas de humo de sus declaraciones. 

Conviene recordar a los lectores que cuando una actuación legislativa va contra la justicia, aquello no tiene fuerza de  ley sino sólo es violencia legalizada. Así, cuando se publicó ese manifiesto del grupo de cocineros tóxicos usurpando el escudo y título de la Asamblea Legislativa y arremetiendo contra la Sala de lo Constitucional y contra su presidente el Magistrado Belarmino Jaime, lo único que demuestran con dicho escrito es el escaso amor a la verdad y el nulo espíritu democrático que persiste en el FMLN por más que se revistan de bellas palabras. No han cambiado nada. Debajo de los ropajes democráticos se traslucen las torvas cataduras de violentos guerrilleros. 

Sí, señores; son ustedes, los cocineros tóxicos, los  que atentan contra el juego limpio, contra la dignidad de la Asamblea, contra la independencia del poder judicial y del Fiscal General. Son ustedes los que van contra el  dictamen democrático del pueblo que ya manifestó un severo rechazo en la pasada contienda electoral a la campaña del FMLN contra la libertad del

voto por persona. 

 

Luis Fernández Cuervo                       luchofcuervo@gmail.com

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