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“Hay que poner fin a los ataques contra los niños”

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“Desde la República Centroafricana hasta Sudán del Sur, y desde Siria hasta el Afganistán, durante los primeros cuatro meses del año se han seguido produciendo ataques incesantes contra los niños en varias situaciones de conflicto.

“Con muy pocas muestras de arrepentimiento, y menos aún de responsabilidad, las partes en conflicto continúan menospreciando descaradamente una de las reglas más elementales de la guerra: la protección de la infancia.

“No se ha excluido ningún método de guerra, sin importar cuán mortífero pueda ser para los niños: los ataques indiscriminados contra escuelas, hospitales y otra infraestructura civil, los secuestros, el reclutamiento de niños, los asedios, los malos tratos durante la detención y la denegación de asistencia humanitaria, son todas ellas prácticas generalizadas.

“En el Yemen, por ejemplo, más de 220 niños fueron presuntamente asesinados y más de 330 resultaron heridos desde el comienzo del año como resultado del conflicto. Casi 4,3 millones de niños corren ahora el riesgo de morir de hambre, un 24% más que en 2017. La diarrea acuosa aguda y el brote de cólera que mataron a más de 400 niños menores de cinco años el año pasado amenazan con matar a un número mayor aún de niños, justo cuando comienza la temporada de lluvias y las condiciones de higiene se deterioran todavía más.

“En Siria, las esperanzas de paz siguen siendo escasas. Durante los tres primeros meses del año se verificaron más de 70 ataques contra hospitales y centros de salud, lo que impidió el acceso de los niños y las familias a servicios vitales de salud. Más de 300 instalaciones educativas han sufrido ataques desde el comienzo del conflicto. Alrededor de 5,3 millones de niños han quedado desplazados internamente o se han convertido en refugiados, y casi 850.000 niños continúan viviendo en zonas sitiadas o de difícil acceso.

“En Bangladesh, más de 400.000 niños refugiados rohingya que sobrevivieron a las recientes atrocidades en Myanmar necesitan ayuda humanitaria. A medida que se aproxima la temporada de monzones, el riesgo de cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua es más elevado que nunca.

“En Sudán del Sur, el primer país que visité como Directora Ejecutiva de UNICEF, al menos 2,6 millones de niños se han visto obligados a huir de sus hogares. Más de un millón de niños padecen desnutrición aguda, entre ellos más de 250.000 que sufren desnutrición grave y corren un mayor riesgo de morir. Aunque cerca de 600 niños han sido liberados por los grupos armados en lo que va del año, alrededor de 19.000 continúan sirviendo como combatientes, mensajeros, portadores, cocineros e incluso esclavos sexuales para las partes en conflicto.

“En el Afganistán, más de 150 niños murieron y más de 400 resultaron heridos durante los primeros tres meses del año debido al conflicto.

“En la República Centroafricana, la reanudación de la violencia en los últimos meses ha obligado a casi 29.000 niños a huir de sus hogares, con lo que el número total de niños desplazados internamente asciende a 360.000. Más de 2 de cada 5 niños menores de cinco años sufren a causa de enfermedades crónicas debidas a la desnutrición y un tercio de los niños en edad escolar están ahora sin escolarizar.

“En todos estos países, y en muchos más, los equipos de UNICEF y sus aliados se comprometen a hacer todo lo posible para aliviar el sufrimiento de los niños más vulnerables, los niños separados de sus familias, los niños que están aterrorizados y solos, los que se enferman en los campamentos de refugiados densamente poblados, los que se encuentran en tránsito huyendo de las temporadas de sequía o de monzones implacables, los que se están muriendo de hambre.

“A pesar de la escasez de fondos –sólo hemos recibido el 16% de nuestras necesidades de financiación para este año– estamos resueltamente comprometidos a atender a los más vulnerables. Estamos vacunando a los niños, tratándolos contra la desnutrición, enviándoles a la escuela, brindándoles servicios de protección e intentando satisfacer sus necesidades básicas.

“La ayuda humanitaria por sí sola no es suficiente. Los niños necesitan paz y protección en todo momento. Las reglas de la guerra prohíben la captura ilegal de civiles, los ataques a escuelas u hospitales, el uso, el reclutamiento y la detención ilegal de niños y la denegación de asistencia humanitaria. Cuando surgen conflictos, estas reglas deben ser respetadas y quienes las incumplen deben rendir cuentas. Ya basta. Hay que poner fin a los ataques contra los niños”.

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