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EL PAPA EN ESPAÑA Y SU MENSAJE UNIVERSAL

La reciente visita de Benedicto XVI a dos ciudades españolas, Santiago de Compostela y Barcelona, ha sido un éxito mediático muy grande pues se calcula que lo han visto en el mundo unos 150 millones de personas. En España tuvo una cobertura televisiva, nacional y local, extraordinaria y una atenta, multitudinaria, y a veces ruidosa, acogida popular directa, dentro y fuera de los dos templos visitados. Pero lo más importante es el mensaje profundo  y universal que encierran sus palabras y su actitud dialogante, serena, pacífica, abierta a un mundo muy necesitado de unidad, de entendimiento fraterno y de felicidad.

Los medios informativos han comentado muy positivamente su visita. Debo decir que este artículo mío ha sido muy facilitado por la abundante información de la que he podido disponer, muy especialmente la de las agencias Zenit y Romereports.

Por supuesto, aquí como en Gran Bretaña, el laicismo agresivo, anticristiano, ha hecho sonar sus tambores de guerra, sus escándalos farisaicos y su lenguaje desorientador. De nuevo el diario El País (que goza de pésimos antecedentes de cómo cubre todo lo que se refiera al cristianismo) trató de presentar como agresiva la actitud y  el mensaje papal. Esta vez se le añadió El Mundo. Peor para ellos. Queda en evidencia su mala fe. El pueblo español, especialmente la gente sencilla, ha ido por otro lado.  

El Cardenal español Julián Herranz, entrevistado por Zenit, resumió muy bien el sentido de esta visita: “en este viaje como en su pasada estancia en el Reino Unido y en otras muchas ocasiones, ha vuelto a proponer, con el espíritu evangelizador que le es característico, y sin hacer política, un tipo de sociedad en la que la armonía entre fe y razón sea la medida del verdadero humanismo, y donde un sano concepto de laicidad, que respete la dignidad de la persona y sus derechos inalienables, entre ellos la libertad religiosa, de culto y de conciencia, permita superar el fundamentalismo laicista, –no sólo en España y otras naciones europeas, sino también en otros lugares del mundo– hostil a la relevancia familiar, cultural y social del cristianismo y en general de la religión. Pero la voluntad de Benedicto XVI ha sido en todo momento, en España y fuera de ella, completamente positiva, constructiva, de diálogo y armonía, nunca de ruptura o desencuentro, sino de encuentro”.

El padre Federico Lombardi, Portavoz del Vaticano, comentó que, desde Santiago, el Papa actual (como anteriormente hizo Juan Pablo II en esa misma ciudad) recordó las raíces cristianas de Europa y lo que ésta llegaría a ser si se olvidara de la presencia de Dios en nuestras vidas. Destacando “el valor del amor y de la entrega de Dios a nosotros, y de nosotros a los demás.”

En Santiago acentuó en su mensaje el valor de la libertad para el logro y respeto de la dignidad humana. En Barcelona señaló la relación que existe entre belleza y verdad y, dentro de la ahora Basílica  de la Sagrada Familia, recordó el valor del verdadero matrimonio, entre un hombre y una mujer, abierto a la fecundidad, fundamento de la familia, institución natural y célula fundamental de una sociedad sólida, viva y pacífica.

 Esta visión cristiana del amor humano y de la familia, coinciden con lo que muestra una antropología basada en la razón y en la experiencia social de siglos, pero es una verdad molesta para los Medios que tratan de inculcarnos su relativismo moral y su escepticismo filosófico.

Benedicto XVI anima a un diálogo pacífico y respetuoso entre creyentes y no creyentes. No trata de imponer. No “carga” contra nadie. Son El País y El Mundo los que se inventan ese verbo agresivo: cargar, atacar. El Papa invita a todo el mundo a superar los elementos de desunión y a una apertura valiente a todo lo que es verdad y amor.

Ante la asombrosa, grandiosa, originalísima e imponente belleza del templo de la Sagrada Familia, Benedicto XVI, que es un hombre con gran sensibilidad artística, tuvo el acierto de señalar como este templo es una síntesis entre continuidad y novedad, tradición y creatividad: “Gaudí tuvo la valentía de insertarse en la gran tradición de las catedrales con una creatividad nueva, que renueva la traición y demuestra así la unidad y el progreso de la historia.”. Captó muy bien como un templo como ese no fue hecho por un tecnócrata sino por una artista genial profundamente cristiano. Y en su homilía le adjudicó a Antoni Gaudí el mérito de lograr “una de las tareas mas importantes hoy: supera la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza.

 

Luis Fernández Cuervo                           luchofcuervo@gmail.com

 

 

 

 

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