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El Cancer de nuestra República Democratica

Por Mario Duarte.

 

     Los ciudadanos de nuestro país hace pocos años se decepcionaron legítima y justificadamente de nuestros políticos tradicionales, fueran de la corriente ideológica que fueran. 

Defraudaron, se enriquecieron y jugaron con la dignidad de la nación, ante dicha befa y consecuente pérdida de confianza, surge el mal infernal y demoníaco de todas las Repúblicas Democráticas imperfectas y con sus graves falencias, pero al fin democracias mutiladas, EL POPULISMO y su hijo: LA DICTADURA O PEOR AÚN, SU HIJO MÁS MALVADO, LA TIRANÍA.

    Más allá de toda posición partidaria política o de simple discrepancia, nuestro país se enfrentará a esa inminente amenaza en las próximas elecciones para diputados y alcalde.  El poder emergente del nuevo partido oficialista, recién y espuriamente creado, a todas luces nos advierte el indicado riesgo al dar por hecho que el otro año tendrán el Órgano Legislativo y así podrán imponerse ante las otras facciones legislativas y emitir las leyes de su conveniencia y elegir a los funcionarios de su conveniencia, de tal forma se instaurará no una nueva República Democrática, sino una dictadura perfecta y legal, aunque no legítima, como lo afirmara hace más de unos diez años el escritor y analista político Mario Vargas Llosa respecto al PRI en el cercano país de México.

     Por desgracia o por descuido legislativo, nunca se han creado los mecanismos constitucionales para evitar que este cáncer benigno en un inicio no cause metástasis y se haga maligno en un final.  Por ello es de vital y urgente necesidad comenzar a invertir en la educación, artes y ciencias que necesita nuestra niñez y juventud, y, a la vez, detener esa inminente patología que matará con su necrosis las últimas esperanzas de seguir siendo libres, independiente de las limitaciones y maldita corrupción que nos agobia.

     Tenemos que sembrar tupida y cualitativa educación  en nuestras nuevas generaciones, para volverlas instruidas y críticas, y así evitar demagogos, ignorantes, malvados, mezquinos, cobardes, amorales, perniciosos, hipócritas y sobretodo,  taimados e inhumanos gobernantes.

      De igual manera, tenemos que crear mecanismos constitucionales efectivos para evitar que nuestras mismas normas alimenten y luego padezcan estos virus, bacterias y destrucciones orgánicas de nuestra imperfecta, pero al fin, maltrecha República Democrática.

      Para dar al menos los primeros pasos, se tiene que investigar, procesar y condenar a los personeros de los gobiernos anteriores que cometieron delitos graves de corrupción y de otro tipo en contra del Estado de El Salvador, y, de igual manera investigar, procesar y condenar a los personeros del presente gobierno para evitar que se burle la justicia y las expectativas de esta vilipendiada nación, pero a la vez, para recuperar la confianza perdida…

 

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