Dictaduras, Democracias, libertades

LA DICTADURA DE FRANCO EN ESPAÑA

Lo que ordena el pensamiento “políticamente correcto” es abominar de todas las dictaduras y alabar con entusiasmo todas las democracias. A primera vista, lo lógico es estar de acuerdo. Las dictaduras siempre cercenan libertades y en cambio las democracias llegan siempre ondeando banderas entusiastas de libertad. Sin embargo la vida no es tan simple y los seres humanos mucho menos. Así que a poco que se reflexione sobre ello y lo que la experiencia vital de cada uno aporta, se ve que la cosa es mucho mas compleja, llena de circunstancias, matices y paradojas. El meollo del asunto está en qué entiende cada uno por libertad, de que libertades goza o carece y a que tipo de libertades aspira.

Pensaba escribir sobre otro tema cuando, al revisar los correos recibidos, encontré uno que me hizo soltar una carcajada primero y después reflexionar y recordar.

Era un e-mail, enviado por una colega y era una réplica relacionada con la actual persecución radical que el gobierno socialista español hace contra todos los fumadores. El texto era muy escueto. Decía: “en un restaurante de Santander”. Después se veía un cartel desvaído, viejo, con la imagen de Francisco Franco, con uniforme de “Generalísimo”. Pero en el borde superior del cartel, sobre su cabeza, alguien había escrito: joderos. Y en el borde de abajo: “conmigo se podía fumar.” Además, dos días antes había recibido un power-point lleno de alabanzas para Franco pero también de comentarios de muy distinto cariz. Recuerdo dos: uno decía que si había habido dictadura con Franco, él no se había enterado. El otro era una frase de Paco Rabal, actor de cine español, comunista, dicho ya en épocas de democracia: “contra Franco vivíamos mejor”. ¡Gran paradoja!

Cuando Franco murió, durante varios días una larga fila de gente esperó por horas para pasar breves segundos junto a su cadáver, llorando o mostrando gestos de gratitud. ¿Por qué? Porque con ese dictador la mayoría de la gente había gozado de las libertades más vitales: Techo, pan y trabajo. Paz y seguridad social. La delincuencia era mínima y uno podía transitar a pie, por las calles, hasta altas horas de la noche o de madrugada, sin ningún temor. El ambiente cívico en general era de honestidad. La mayoría de las familias y los hogares estaban bien constituidos. No había ni divorcios, ni abortos, ni droga, ni pandillas de delincuentes juveniles. ¿Había libertad de pensamiento, prensa, asociación? No, por supuesto. Existía una censura sobre cine, teatro y publicaciones. De joven, yo sabía que no podía leer cualquier autor. Escritores nada sospechosos de izquierdismo como Unamuno u Ortega y Gasset sólo podía encontrarlos en las librerías de viejo de la Cuesta de Claudio Mollano. Es decir, uno podía pensar lo que quisiera, criticar a Franco con los amigos, contar en una tertulia los abundantes chistes que corrían sobre él, pero no podías publicar nada contra él, o su gobierno, en periódicos, teatro, cine, etc. Cabía la crítica indirecta del humor ingenioso, como el de la revista La Codorniz. Cuando el régimen organizó una gran campaña sobre los “veinticinco años de paz” La Codorniz escribía veinticinco años de paz-y-ciencia. O un falso parte metereológico que decía: Procedente de las costas gallegas reina un fresco general sobre toda la península, con tendencia a permanecer.

Con el tiempo, poco a poco se fueran abriendo algunas libertades culturales. Cuando Solyenitsin llegó a la televisión española, ya después del desarrollo económico impresionante de la década de los 1960, dijo con sarcasmo: ¿Ustedes hablan de dictadura? Pero yo veo en los quioscos de periódicos toda clase de prensa extranjera y sé que aquí cualquiera puede tener una multicopista o una fotocopiadora… ¡Ustedes no saben lo que es una dictadura!

Ahora España está reconocida en todo el mundo como una democracia. Sí, ya no se queman conventos ni se fusilan sacerdotes como en la Republica española de los años treinta. Pero su gobierno socialista sigue persiguiendo al catolicismo por medios más sutiles, fomenta la corrupción ideológica del Derecho y la aplicación injusta de la ley, pretende imponer su miserable ideología en las escuelas, tiene un concepto de igualdad perjudicial y apoya y difunde todas las libertades destructivas (aborto, anticonceptivos, droga, perversiones sexuales, etc.) con lo que está consiguiendo la destrucción familiar, el amorrodamiento de gran parte de la sociedad, el suicidio demográfico y la ruina moral de grandes masas juveniles.

¿Debemos preferir una dictadura como la de Franco? No; siempre hay que elegir la libertad y la democracia. Pero ya lo dijo sabiamente Juan Pablo II en su Centesimus Annus: «Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. (…) Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia».

Luis Fernández Cuervo luchofcuervo@gmail.com

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