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Derechos Humanos y Terrorismo


San Salvador, 21 de julio de 2019.

Por Ferman Camilo Alvarez

unque la demanda de Dionisio Arístides Umanzor, alias “el Sirra”, líder de la “mara 18” ha sido rechazada en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, prueba su capacidad de gestionar procesos en el exterior y su intención de manipular el sistema jurídico y además el interés de las entidades de Derechos Humanos, por lo que está sucediendo en El Salvador. Dichos sucesos permiten realizar algunas consideraciones sobre los Derechos Humanos y el terrorismo.

La pretensión del “Sirra” era mejorar sus condiciones de vida en prisión, pero fueron desestimadas, lo cual es congruente con lo manifestado por la “Relatoría Sobre los Derechos Humanos de las Personas Privadas de Libertad en las Américas”. La protección de los Derechos Humanos se refiere al pleno respeto del debido proceso y no, a las condiciones de vida dentro de la prisión, hace especial énfasis, en no aplicar sanciones “ex post facto”, es decir “después del hecho”, o sea, no puede atribuirse delitos nuevos, a hechos pasados.

En el caso del Mozote se está violando dicho principio: la aplicación del Estatuto de Roma es improcedente, aunque, para juzgar, se está aplicando en toda su extensión.  Los hechos de aquella época, se dieron dentro de la lucha de la Guerra fría y para la preservación de la integridad territorial, ante una fuerza beligerante, reconocida por el Derecho Internacional.

Las pandillas deben de ser sometidas: lo exige la supervivencia del Estado y que su población pueda vivir en armonía, consecuentemente, las acciones del Estado son legítimas y válidas, pero existe el interés electoral de declarar “guerra” a las pandillas o darles “pena de muerte”, lo cual no aumentaría la capacidad de controlar a las pandillas pero sí, nos pondría en la mira de los defensores de los Derechos Humanos que gestionarían sanciones futuras.

Las acciones de la pandilla son en sí mismas, actos de terrorismo, si nos basamos en las consideraciones de Igor Primoratz, filósofo y moralista ruso, que dice “el terrorismo es la intimidación con un propósito: el terror se utiliza para provocar que otros hagan cosas que de otra manera no harían”. Por lo cual asevera: son “Actos delictivos concebidos o planeados para provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en determinadas personas que son injustificables en todas las circunstancias, cualesquiera que sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra índole que se hagan valer para justificarlos” por lo que, cuando la pandilla quema un bus, con personas adentro, asesina a una familia para exigir el abandono del territorio o, asesina a policías y soldados de licencia, comete actos de terrorismo.

La siguiente pregunta es: ¿Son las pandillas un fenómeno enteramente nuestro? Si, es la respuesta, pero vemos entonces la manipulación de la migración en grupos organizados y las rutas de migrantes que empiezan a llegar de África y el Medio Oriente, lo cual no es natural, por lo que es innegable, la existencia de intereses foráneos que pretenden usar el suelo salvadoreño como una plataforma para el transito humano y, para ello, necesitan a las pandillas.

Es necesario imponer orden en el país, pero respetando el debido proceso, pues de lo contrario, esta lucha se revertirá contra el actual Gobierno y, se habrán cometido los mismos errores del pasado conflicto armado: preocuparse de la lucha armada únicamente, sin atender la dimensión internacional del problema y sin realizar acciones políticas en el exterior, las cuales no competen a la Fuerza Armada, sino a Relaciones Exteriores.

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