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Derechos humanos y globalización: Maastricht Octubre 2011

Expertos planean reunirse en octubre de 2011 en la Universidad de Maastricht, Países Bajos, para formular sobre el papel una serie de principios extraterritoriales en pro de los derechos humanos a tener en cuenta en los ámbitos económico, social y cultural.

La dignidad del ser humano es inviolable. ¿Y si resulta violada? ¿Y si el sistema financiero genera pobreza? ¿Y si existen vacíos en el derecho internacional? En tiempos de globalización, Michael Windfuhr hace repaso.

Para proteger a las personas del exceso poder de los Estados nació el concepto de los derechos humanos, y con tal fin quedaron recogidos en una Declaración Universal aprobada en 1948. Contra la tortura, la discriminación (ya sea por motivo de etnia, color de piel, género u orientación sexual) y otra serie de crímenes actúan estos principios supranacionales.

Los seres humanos tienen derecho a elegir libremente su modo de vida, a no ser esclavizados ni sometidos a malos tratos, a tratos arbitrarios, a la exclusión social, a la emergencia social ni a la explotación por parte de terceros. Los países y las comunidades tienen la obligación de respetar, proteger y asegurar el cumplimiento de estos derechos. Eso significa también garantizar su respeto por parte de empresas privadas y otros organismos extraestatales. Y especialmente ostentan los gobiernos el deber de prestarle atención a los grupos más desfavorecidos y vulnerables.

En la era de la globalización, sin embargo, existe un amplio número de ejemplos en los que nada de esto se cumple:

Obstáculo: los tratados internacionales

Estados pueden verse, por ejemplo, impedidos en la salvaguarda de un derecho por tratados internacionales. Uno de los casos más famosos es el que afecta a los medicamentos contra el virus del SIDA: ¿hasta dónde puede ir un gobierno a la hora de esquivar los acuerdos que protegen las patentes farmacéuticas otorgando licencias para la fabricación de baratos genéricos?

También pueden ser organizaciones internacionales las que impidan que Estados tomen medidas en beneficio de los derechos humanos. Durante años, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se opusieron por motivos de coste a que países endeudados invirtieran en el desarrollo rural. No en pocas ocasiones se hizo depender la concesión de créditos del acatamiento de estas condiciones. Al final, muchos pequeños agricultores no pudieron asegurar sus ingresos.

Obstáculo: las inversiones directas

En las negociaciones sobre inversiones directas, las empresas privadas suelen jugar con ventaja: el dinero se desembolsa sólo si las condiciones son favorables. En la práctica, esto lo pagan a menudo los derechos de los trabajadores o la protección contra traslados forzosos. En ocasiones, miles de familias se han visto obligadas a abandonar sus hogares para dejarle espacio a la explotación minera, y no pocas veces sin que se ofrecieran indemnizaciones o tierras a modo de compensación. Los sindicatos encuentran

grandes dificultades a la hora de mejorar las condiciones de trabajo de los empleados, porque pocos tribunales nacionales están dispuestos a exigirles responsabilidades a las compañías. A esto se le añade la corrupción que con frecuencia afecta a gobieros y autoridades locales, que hace que los mecanismos de control de las empresas no funcionen.

Obstáculo: las subvenciones

También las medidas tomadas a favor de la población en un país pueden tener repercusiones negativas para los derechos humanos en otro continente. El año pasado, varias ONG calcularon en qué medida las subvenciones al sector agrario europeo y la política de pesca comunitaria afectaron a las condiciones de vida y trabajo en África occidental. La importación de carne de pollo barata europea (a consecuencia del apoyo estatal) y la sobrepesca de las costas africanas por barcos del Viejo Continente condenan al hambre y a la pobreza a muchos seres humanos en esta región. Se trata de una violación del derecho al alimento contra la que los gobiernos africanos apenas pueden hacer nada.

Obstáculo: la debilidad del Estado

Especialmente difícil se vuelve la situación allí donde las instituciones no funcionan: si son demasiado débiles para controlar y dirigir las influencias fornáneas, la dignidad del ser humano sufre habitualmente las consecuencias. Sobre todo en aquellos países que se han visto afectados por guerras civiles o en los llamados “Estados fallidos” queda la responsabilidad para con un buen comportamiento en manos de las empresas que gestionan los yacimientos mineros o los cultivos para la exportación. Como ejemplo: El Congo. Aquí se extraen metales preciosos bajo condiciones inhumanas. A lo largo de una cadena de producción dominada por la corrupción llegan estos materiales hasta Europa, donde son empleados en la fabricación, entre otros, de teléfonos móviles. Todo esto deja una pesada y dolorosa herencia sobre el respeto a los derechos humanos en el país africano.

Obstáculo: la globalización

Los citados casos evidencian que en la era de la globalización se abre un agujero negro en la protección de los derechos humanos. Éste sólo podrá cerrarse si se logra hacer responder a los actores por sus violaciones del derecho internacional: a los gobiernos que las cometen en el extranjero como a las empresas y a las organizaciones de acción global. Tal cosa sigue siendo la excepción: pocas veces denuncian las víctimas los abusos y pocas veces consiguen ser indemnizadas por los mismos.

En todo el mundo, activistas, políticos y científicos han empezado a prestarle atención al respeto de los derechos humanos por parte de los actores privados presentes en sus respectivos campos de trabajo. Este “naming and shaming” ha llevado a que muchos se comprometan voluntariamente a aplicar los estándares internacionales en la materia, ya sea en la industria textil o en la producción de juguetes. Ya en el año 2000 trató el ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan de destacar con su “Global Compact” la importancia de proteger los derechos humanos.

Haciendo memoria: las obligaciones extraterritoriales de los Estados

Con todo, el respeto, el cuidado y la aplicación de los derechos humanos sigue dependiendo de que ONG, valientes abogados y defensores de estos principios llamen la atención sobre situaciones negativas. Ésa no puede ser la solución a largo plazo. Igual de inaceptable resulta el que se sujete a mecanismos de aceptación voluntaria el cumplimiento de los derechos económicos, sociales y culturales.

Las obligaciones extraterritoriales de los Estados ocupan en consecuencia un lugar cada vez más destacado en las agendas: al fin y al cabo, todos los países, también en el comercio y en organismos como el Banco Mundial, están obligados a comportarse de manera que no actúen en contra de los derechos humanos. Expertos planean reunirse en octubre de 2011 en la Universidad de Maastricht, Países Bajos, para formular sobre el papel una serie de principios extraterritoriales en pro de los derechos humanos a tener en cuenta en los ámbitos económico, social y cultural. Con ello esperan darle respuesta a los desafíos que la globalización le plantea al derecho internacional.

Autor: Michael Windfuhr/ Luna Bolívar

Editora: Emilia Rojas Sasse

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