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DE LO QUE NADIE QUIERE HABLAR

Por

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION http://publicacionaccion.blogspot.com

San Salvador, 17 de abril de 2020.

Las infecciones en el personal de salud causarán, a plazo inmediato, un impacto negativo en la sociedad; los efectos económicos de la paralización de la sociedad, causarán un impacto aún mayor y a corto plazo.

Las inesperadas y recurrentes infecciones colectivas, en los distintos centros de salud, son a causa de los malos protocolos médicos, dados por el Ministerio de Salud y, la falta de preparación en la protección del personal sanitario, denota el descuido del Gobierno hacia ese sector.

Ver a médicos y enfermeras, protegidas con bolsas anaranjadas de supermercado y, usando mascarillas saturadas, más allá del tiempo técnicamente indicado, asegura que, llegado el pico de la pandemia, que será inevitable, nos encontraremos sin personal de salud. La formación de un médico, tarda más de diez o doce años, según su especialidad y, su eficiencia, depende del personal que le apoye: enfermeras, laboratoristas, personal administrativo y técnicos médicos, además de otros profesionales, con especialidades diferentes y si no hay una armonía en su conjunto, el servicio será deficiente: se hará sentir, cuando la pandemia alcance su pico.

Pasada la pandemia, nos encontraremos con que el Gobierno carecerá del dinero suficiente para enfrentar los correspondientes servicios básicos, pues los recursos del mismo, fueron gastados en acciones inútiles: asistencialismo público y economía dirigida. Ejemplo de ello, es el caso de ANDA que, al suspender el cobro de sus servicios, para ser hoy un modo de asistencialismo, necesita $ 8000,000.00 para pagar los salarios y no suspender un servicio sin el cual, no es posible subsistir.

El mes de abril representa en el año, la mayor recaudación del Estado y, su proyección es la base del presupuesto: lo demás tendrá que ser cubierto con deuda pública. Por las propuestas actuales del Ejecutivo, puede inferirse que se está preparando para crear un nuevo presupuesto, ajustado a los gastos actuales, suprimiendo muchas de los proyectos previamente anunciados y, muy probablemente, tendrá que plantearse una serie de nuevos impuestos, para poder equilibrar gastos futuros.

Las emisiones de nueva deuda, propuestas por el Gobierno y, aprobadas por la Asamblea Legislativa, muy difícilmente podrán ser colocadas con éxito o, a un interés favorable, pues todos los economistas, prevén una crisis más aguda que la del 2008 y, una contracción parcial de los mercados globales, con un fuerte proteccionismo arancelario, lo cual no es favorable para una economía como la nuestra, peor aún, si las remesas caen.

Para entenderlo veamos este ejemplo sencillo: el pan que se compra en la tienda, proviene de trigo que viene del extranjero, la manteca, viene de aceites importados y, el gas o electricidad provienen en su totalidad o mayormente, del extranjero y, todo se paga en dólares. Por eso, la economía salvadoreña tiene que ser sufrientemente dinámica, pero con la suspensión de la actividad económica, queda con un impulso que se está agotando en pago de salarios, sin asegurar producción. La suspensión de pagos entre particulares, es como obligar a comprar el pan fiado, con lo que falta dinero para hacer más pan.

Muy probablemente, el Gobierno pretende que los bancos o las AFP, estimulen la economía, pero esto pondría en riesgo la liquidez de los mismos, si el Gobierno insiste en dirigir la economía, porque se estaría empleando el dinero de los ahorrantes y, sacrificando las inversiones que son propiedad de los trabajadores formales, poniendo en riesgo el sustento mensual de los pensionados.

En esta pandemia, se debe proteger a las personas mayores, en riesgo y, al personal de salud, pero no conviene detener la maquinaria productiva, porque se carecerían de los recursos para la protección de las personas que lo necesitan.

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