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¿CONFLICTO DE BAJA INTENSIDAD?

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Recientemente, en conferencia de prensa, el Ministro de Defensa General David Munguía Payes, afirmó: “en El Salvador,  se vive un conflicto de baja intensidad”; errónea afirmaciones,  que no es acorde con la doctrina militar, y ni con la  la naturaleza de la violencia que se vive en El Salvador, pero que sí, puede indicar un peligro subyacente a la democracia salvadoreña.

Sugiere tres posibles hipótesis: 1) Plataforma política para cuando el General Munguía Payes sea removido del cargo, 2) Justificación ante el reclamo de Estados Unidos y la relatoría de la ONU, por la violencia interna, 3) Justificación de acciones conjuntas:  Fuerza Armada –  PNC – Militancia,   ante la pérdida de poder, del FMLN.

No es posible en El Salvador, un conflicto de “baja intensidad”  porque no existen objetivos políticos, sino económicos. Sin embargo,  es posible que sí se convierta en conflicto político, en  medida que el presente Gobierno lo justifique, como pretensiones políticas o, el FMLN,  le induzca a justificarse políticamente, como lo ha propuesto ya el Ministro de Defensa. Por ahora, la PNC, Fuerza Armada y el personal de seguridad privada,  que suman 55,000 hombres,  no han podido contenerlo.

Desde lo evidente de los resultados, del plan de seguridad,  sólo hay patrullajes,  para una disuasión y contención, en flagrancia y,  los golpes a las pandillas, con capturas masivas, llevan muchos meses planificándose, siendo limitado el daño a las mismas: liberándose en pocos días, a los capturados,  por lo deficiente de las pruebas aportadas judicialmente. Constituye esto  un mal manejo de la fuerza pública: la Fuerza Armada es sólo  acompañante de la PNC, en un rol que podría cambiar si se considera que en El Salvador hay un conflicto interno de dimensiones desbordadas policialmente, y se podría seguir la tendencia brasileña  actual de “militarización”.

Esto podría hacer que el General David Munguía Payes, podría ser indispensable ante el criterio de Salvador Sánchez Cerén, pues los reiterados errores cometidos, hacia el interior de la Fuerza Armada (cambios y ascensos por compadrazgo e ideologización y el sometimiento de tropa al mando policial) han minado la moral y capacidad de la Fuerza Armada, por lo que el General Munguía Payes ya es “conflictivo” para el Presidente.

La imposibilidad de detener el flujo de drogas hacia Estados Unidos, puede ser justificada por un conflicto interno incontrolable,  que necesita más recursos  y, mayor libertad de acción de la Fuerza Armada, invirtiendo los roles actuales de la Fuerza Armada – PNC. Sugiriendo que la Fuerza Armada, ejerza un control nacional, para contener este “conflicto de baja intensidad”.

Tales pretensiones en tiempo electoral, y cuando  se espera un triunfo de la oposición, crean un peligro real para la democracia, pruébalo, la experiencia de Honduras con Nasralla,  a quien nuestro Gobierno, apoyo y ofreció a sus grupos de choque, de manera encubierta. No debe de olvidarse que el FMLN ofreció combatientes a las FARC y a Venezuela, para defender la revolución Chavista.

El FMLN,  ha procurado tener el control de las Juntas Receptoras de Votos,  mediante la manipulación de los padrones de ciudadanos y de la abstención. También tiene el control de la transición de datos, mediante un escaneo paralelo y,  ha preparado a sus bases  para acciones de calle. También ha planteado ya, ante el Tribunal Supremo Electoral,  la cancelación de ARENA, como partido político.

El Ministro de Seguridad, los altos mandos de la PNC y el Ministro de Defensa,  sienten una empatía por las maras,  pero los mandos medios y bajos, que las enfrentan, sienten lo contrario: esta contradicción afecta operativamente el combate a la delincuencia y, un enfoque militar en este momento,  podría dar paso a la utilización política de la fuerza pública.

Por: Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

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