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Científicos estudian si la coloración en lago de Coatepeque implica riesgo para la salud

El lago de Coatepeque, ubicado en el departamento de Santa Ana, ha cambiado a color turquesa por cuarto año consecutivo. El cambio súbito de color despierta curiosidad de locales e incrementa la visita de los turistas, pero la causa de este fenómeno inquieta a los científicos.

El pasado miércoles 22 de agosto, un equipo compuesto por biólogos y vulcanólogos de MARN, visitaron el lago que se asienta sobre un cráter volcánico, para tomar muestras de agua y analizarlas en el laboratorio.

Los primeros resultados de las pruebas indican que hay predominio las cianobacterias del género Microcystis, es decir, las mismas que se han identificado en los eventos anteriores.

Según Jaime Espinoza, jefe de la Unidad de Humedales del Ministerio, lo que se ha evidenciado es que las cianobacterias Microcystis, contrario a otras especies, se agrupan en colonias y eso les permite atrapar un material particulado que refleja tonalidad turquesa y cuando éstas mueren, las células liberan la pigmentación que  se hace soluble en el agua. Sin embargo, aún investigan de dónde proviene ese material.

Ese material, al unirse con otros compuestos presentes en el lago, estarían generando condiciones propicias para el mantenimiento de sus poblaciones.

“Las cianobacterias, al finalizar su ciclo de vida o al disgruegarse liberan el pigmento que está relacionado con el espectro de ondas cortas de luz visible percibiéndose el color turquesa en el agua”, agregó el biólogo.

Esa vegetación se ha secado por el contacto permanente con el material particulado y muy probablemente porque le ha detenido el proceso de fotosíntesis y llevado a las plantas a la muerte celular. Hasta el momento, la temperatura y el pH del agua del lago se encuentran dentro de los límites de lo normal.

Una de las hipótesis planteadas es que parte de los compuestos provienen de depósitos de erupciones volcánicas pasadas del Volcán de Santa Ana y depósitos del deslave ocurrido en 2005 tras el último evento eruptivo. Según Francisco Montalvo, vulcanólogo del MARN que también acompañó la expedición, “las lluvias fuertes propias de la época estarían arrastrando las cenizas retenidas de la última erupción del volcán de Santa Ana hacia el lago”

A este arrastre se sumarían productos químicos de parcelas agrícolas y aguas residuales de ranchos y quintas. Todos estos aportes aumentarían la disponibilidad del alimento para las cianobacterias.

El equipo de Humedales buscará determinar si los compuestos generados por las cianobacterias al morir pueden tener repercusiones en la calidad del agua del lago y en la salud de los habitantes de la zona.

Como principio precautorio y debido a la curiosidad que causa en los turista y pobladores locales siempre el MARN ha recomendado no ingerir el agua; pues hasta el momento los análisis químicos realizados no dejan claro la composición química que da esa coloración.

Los expertos recogieron datos de temperatura, conductividad del agua, niveles de pH, oxígeno disuelto, salinidad y sodios totales. Además, se recogió material sedimentado del fondo del lago, así como material vegetal y material particulado en suspensión.

Se tienen registros de coloraciones similares en los años de 1982, 1997, 2006, 2012 y de manera consecutiva desde el 2015 hasta este año. En promedio, la coloración tiene una duración de tres semanas.

El lago 25.3 kilómetros cuadrados a una altitud de 745 metros sobre el nivel del mar.

En el año, el lago de Coatepeque ha dado dos claras manifestaciones de que algo está pasando. El primer fenómeno se registró en mayo, cuando la proliferación de un tipo de cianobacteria del género Lyngbya formó grandes manchas color café pardo que se distribuyeron en los márgenes del lago, produciendo fétidos olores. La segunda señal es el cambio abrupto a coloración turquesa del espejo de agua, el mismo fenómeno que se ha registrado durante los últimos cuatro años.

 

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