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Aristóteles en la era moderna

Por

Roberto Meza

No hay nada más poderoso que las ideas y la razón. Aprender a usar la mente debería ser el fundamento de toda enseñanza. Y, por eso, la Filosofía debe ser la rama más importante a lo largo de nuestra educación. Hace más de cincuenta años, cuando estudié Ingeniería Civil en la Universidad, precisamente recibí un año de Introducción a la Filosofía, lo cual siempre he agradecido.

Se trataba de aprender a hacer introspección (conocerse) y relacionar, con sentido común, la información que se acumula a lo largo de la vida. La filosofía nos provee de herramientas para manejarnos en relación con los demás y con respecto a las preguntas trascendentes de la existencia.

Se argumenta que no es una rama práctica y efectiva para el rápido mundo moderno de la información. Pero no es así. Es tanta la información que fluye, que una formación filosófica nos prepara para jerarquizar, seleccionar y dar sentido.

Por ejemplo, en política. Todos los días observamos -sin saberlo, porque no nos recordamos de la filosofía- que la discusión de nuestros políticos versa sobre un antiquísimo tema: el llamado pacto social, ese difícil equilibrio entre la libertad personal y la autoridad.

Desde la antigüedad, en todas las latitudes y épocas, las discusiones políticas de los pueblos han tenido que definir el límite entre autoridad y libertad individual. Sin nociones de filosofía, la discusión se vuelve estéril. Porque se ignora lo fundamental: que la filosofía aclara cuáles son los derechos inalienables de todas las personas antes del Estado. Y es la filosofía la que explica que, en un Estado de Derecho, la política tiene dos funciones principales: regular cómo se genera y distribuye el poder, y cómo se deben garantizar los derechos de los gobernados.

Si una autoridad no maneja conceptos filosóficos sobre el poder, difícilmente lo ejercerá para lograr el bien común. La pura autoridad impositiva sería tiranía, así lo definía Aristóteles; pero agregaba que derechos individuales sin límites lleva al caos y la democracia degenera en demagogia.

Por eso, en la sociedad, los derechos tienen sus límites y responsabilidades asociadas, algo que es necesario inculcar desde la niñez. Podemos discutir que la materia de Filosofía en El Salvador, en general, se enseña mal y se enseña poco, que los alumnos se aburren, que los profesores suelen ser muy teóricos, que tal vez no han sabido mostrar la vigencia práctica de este estudio. Pero de lo que no deberíamos dudar es de la necesidad de enseñar a pensar. El desafío es transmitir a los alumnos que la filosofía ayuda a vivir con más sentido, y que no hay nada más moderno, entretenido y vigente que el mismo Aristóteles.

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