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Anticiparse a los problemas hídricos puede aliviar la presión migratoria Un nuevo estudio de la FAO insta a evitar el “agravamiento mutuo” de los vínculos entre la escasez de agua y la migración

19 de marzo de 2018, Roma/Brasilia – El consumo mundial de agua se multiplicó por seis durante el siglo pasado, el doble de la tasa de crecimiento demográfico, y su escasez es ahora un desafío amenazador para la humanidad, debido a una serie de factores que van desde el cambio climático y la contaminación hasta la falta de capacidad e infraestructuras.

En un mensaje en video dirigido al 8º Foro Mundial del Agua que se celebra en Brasilia, el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, advirtió que dos tercios de la población mundial viven en condiciones de grave escasez de agua al menos una parte del año.

Esto tiene un impacto particularmente grave en las personas que dependen de la agricultura, que en algunos casos -en especial las más pobres-, pueden no tener otra alternativa que emigrar en busca de mejores medios de subsistencia. “Pero la migración debería ser una opción, y no la única alternativa que les quede”, subrayó Graziano da Silva.

La FAO ha ofrecido los resultados de una nueva investigación, realizada junto a la Alianza Mundial en favor del Agua (Global Water Partnership) y la Universidad Estatal de Oregón, EEUU, sobre el vínculo entre el agua y la migración.

El informe “Estrés hídrico y migración humana” (disponible en inglés), presentado en un panel de alto nivel en el foro, ofrece más de 100 estudios detallados, analizando sus resultados en términos de datos demográficos, temperaturas de la superficie y registros de precipitaciones. La FAO también contribuyó a un capítulo sobre “Soluciones basadas en la naturaleza para gestionar la disponibilidad de agua” en el informe de la ONU publicado igualmente con ocasión del Foro.

“Las estrategias de adaptación agrícola afectan a la necesidad de muchas personas de migrar y deben tenerse en cuenta de forma explícita en las políticas frente al cambio climático, entre otras. Analizar las tendencias de la escasez de agua y prepararse ante ella resulta particularmente valioso, ya que permite intervenir para mitigar la presión de la migración forzada”, explicó Eduardo Mansur, Director de la División de Tierras y Aguas de la FAO. “Permitir la adaptación proactiva –añadió- es una estrategia más efectiva y sostenible que ofrecer una respuesta humanitaria reactiva ante dificultades a gran escala”.

Una conclusión clave del informe es la necesidad de más información sobre las dinámicas del vínculo entre la migración y el agua en la India, Asia Central, Oriente Medio y la región central del Sahel, zonas todas ellas que se espera figuren entre las primeras en enfrentarse a temperaturas medias de superficie superiores a la media y a una mayor escasez de agua en los próximos 30 años.

 El sur y el sudeste de Asia están también relativamente poco estudiados, debido a la gran longitud de sus costas y zonas bajas en los deltas de ríos, y si bien la escasez de agua en América del Sur y el norte de Asia es menos aguda, existen pocas evidencias en estas zonas sobre las presiones migratorias.

Conclusiones del estudio

El estrés hídrico se refiere en general a situaciones en las que no se satisface la demanda debido a una combinación de problemas de acceso y disminución en la disponibilidad y/o calidad del agua.

Tiende a aumentar como resultado de las altas temperaturas, la demanda creciente de los sectores agrícola, energético e industrial, y puede reflejar mayores extremos en las precipitaciones o vulnerabilidad a las inundaciones, así como condiciones más frecuentes de sequía. Una infraestructura inadecuada puede agravar los déficits en la cantidad y calidad del agua.

Si bien algunos estudios demuestran una correlación entre el estrés hídrico y una mayor emigración, la interacción causal aún no se entiende claramente, según defiende el informe.

“Es esencial asegurarse de que la interacción entre la escasez de agua y la migración no se convierta en una de agravamiento mutuo”, aseguró Olcay Unver, Director Adjunto de la FAO al frente de la División de Tierras y Aguas.

La migración es un proceso universal y común y está vinculada al desarrollo en múltiples maneras, y la FAO respalda firmemente las políticas que ayudan a que sea una opción, no una necesidad. Las evidencias sugieren que las inversiones públicas en la adaptación de la agricultura pueden atenuar los factores adversos de la emigración rural, explica el informe.

Si bien las intervenciones oportunas pueden mitigar la migración involuntaria, el impacto de los migrantes sobre el estrés hídrico en los lugares a los que llegan merece igualmente mayor atención, en especial porque los asentamientos informales implican a menudo formas de uso de la tierra que emplean el agua de forma ineficiente, dañan los ciclos hidrológicos locales o alteran los sistemas tradicionales que incentivan su conservación.

A la vez, los migrantes pueden contribuir positivamente a la gestión del agua y al desarrollo tanto en las comunidades de origen como de acogida a través de buenas prácticas, transferencia de habilidades y conocimientos, y el uso de las remesas.

El concepto de migrantes ambientales atrae cada vez mayor atención, y se requieren más datos para comprender y adelantarse a estas tendencias de forma oportuna. Este es el mensaje que la FAO y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) destacan como copresidentes de los esfuerzos del Grupo Mundial sobre Migración en 2018 para ayudar a elaborar un Pacto Mundial para una migración segura, ordenada y regular.

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