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América Central le abre las puertas a la energía limpia

Por Danilo Valladares

GUATEMALA, jul (IPS) – La alta dependencia a la importación de petróleo, la falta de electricidad en zonas rurales y la búsqueda de un desarrollo sostenible han llevado a América Central a privilegiar las energías renovables. Pero no faltan las críticas a los grandes proyectos.

Honduras tiene previsto poner en funcionamiento este año una de las mayores centrales de energía eólica de América Latina, con una generación de 100 megavatios.

La planta operará en el municipio de Santa Ana, a 24 kilómetros de la capital hondureña, y su inversión es de 250 millones de dólares, según su propietaria Energía Eólica Honduras, subsidiaria de Mesoamerica Energy, constituida por 15 grupos empresariales de la región.

Este país invertirá, además, 2.100 millones de dólares en 52 proyectos hidroeléctricos con capacidad de generar menos de cinco megavatios cada uno entre 2010 y 2016, anunció a principios de junio la Asociación Hondureña de Pequeños Productores de Energía Renovable.

“Nos fundamentamos en tres aspectos: seguridad energética al evitar la dependencia de los precios internacionales del petróleo, mejorar el acceso de energía en zonas rurales y desarrollo sostenible”, dijo a IPS Elsia Paz, presidenta de dicha entidad.

Según Paz, ha sido importante la promoción de esta energía para lograr una diversificación balanceada de la matriz energética, ya que 70 por ciento de la generación está basada en el uso de hidrocarburos, “un recurso que no es natural, se importa y ocasiona fuga de divisas”.

Honduras ejemplifica la alta dependencia del petróleo de América Central para generar electricidad.

En la década del 80, cerca de 75 por ciento de la electricidad en la región se generaba con fuentes renovables, principalmente hidroeléctrica. Ese porcentaje se redujo a 50 por ciento en la actualidad, según la no gubernamental Fundación Red de Energía BUN-CA, con sede en Costa Rica. El resto corresponde al uso de hidrocarburos.

Nicaragua, a través del ministerio de Energía y Minas, anunció en mayo que la totalidad de la energía que genere en 2016 provendrá de fuentes renovables mediante la implementación del Programa Nacional de Electrificación Sostenible y Energías Renovables.

Tal como sucede en Honduras, 70 por ciento de la energía eléctrica en Nicaragua es generada con derivados del petróleo y 30 por ciento con recursos renovables, según datos oficiales.

Por ello hoy se construye el proyecto hidroeléctrico Tumarín, el más grande del territorio, en la Región Autónoma del Atlántico Sur de Nicaragua. Detrás del complejo, que producirá 220 megavatios, está el consorcio brasileño Queiroz Galvaõ – Electrobras.

Tumarín sufrió el rechazo de comunidades aledañas que argumentaban que no se les consultó sobre el proyecto y que éste tendría consecuencias negativas sobre toda la cuenca del Río Grande de Matagalpa. La obra, que requiere una inversión de más de 600 millones de dólares, pasará a ser administrada por el Estado nicaragüense en 30 años.

A su vez, el parque eólico Amayo I y II, de capitales estadounidenses, guatemaltecos y nicaragüenses, es el más grande en operación hasta ahora en América Central.

Ubicado a orillas del lago de Nicaragua, al sur del departamento de Rivas, genera 63 megavatios.

Luis Molina de la unidad de Control Ambiental del ministerio nicaragüense de Energía y Minas, dijo a IPS que buscan implementar proyectos de energía renovable para reducir los gases invernadero, causantes del recalentamiento planetario, y la fuga de divisas por la compra de hidrocarburos.

El funcionario explicó que a nivel macro el objetivo principal es lograr que toda la energía generada sea renovable, mientras que a nivel micro se amplíe la cobertura de electricidad del área rural.

Cerca de 10 millones de personas, de una población total de 40 millones, carecen del servicio de energía eléctrica en América Central, que además de Guatemala, Honduras y Nicaragua integran Belice, Costa Rica, El Salvador y Panamá.

En El Salvador, que ya produce biocombustibles y energía solar y geotérmica, la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional financiará con 1,5 millones de dólares la elaboración de un plan maestro de desarrollo de energías renovables a iniciarse a fin de año.

Cerca de 60 por ciento del potencial de la región es hidráulico.

De los 22.000 megavatios de este tipo de energía posibles de ser explotados, el istmo centroamericano apenas ha usado 17 por ciento, según el Consejo de Electrificación para América Central.

Costa Rica es el mayor generador de energía limpia en la región: 80 por ciento proviene de hidroeléctricas, según el estatal Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).

Su presidenta, Laura Chinchilla, anunció que quiere convertir a Costa Rica en el primer país del mundo en abastecerse con energía 100 por ciento renovable.

Pero no todo ha sido fácil. Otto Ruiz Balcárcel, coordinador de Energía Renovable del ministerio de Energía y Minas de Guatemala, dijo a IPS que existe mucha desinformación sobre la energía renovable, lo cual limita las inversiones.

“Hay poblados que piensan que el agua se contamina en las turbinas de las hidroeléctricas y los inversionistas no han logrado transmitir cómo se maneja”, ejemplificó.

Sin embargo, estima que Guatemala camina en la ruta de impulsar la energía limpia con la apertura de más hidroeléctricas, principalmente.

En la otra vereda, Oscar Conde, activista del grupo ambientalista Madreselva de Guatemala, dijo a IPS que proyectos de energía renovable como las hidroeléctricas alteran los ecosistemas donde habitan las comunidades rurales, quienes no son tomados en cuenta cuando levantan las obras.

“Son negocios trasnacionales o nacionales que usan el agua para su propio beneficio y que las comunidades solo la ven pasar”, criticó.

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